3.11.08

[Obama ¿presidente?]


Con sólo abrir los periódicos de este fin de semana, me di cuenta de que casi todos están seguros de que Obama será el primer presidente negro de Estados Unidos. La verdad, yo no estaría tan seguro.

En las primarias, debo reconocer, mi candidata era Hillary Clinton. Sin embargo, también sabía --o algo me decía-- que no iba a ganar; es más, que ninguno de los demócratas iba a ganar: la Clinton por ser mujer y Obama por ser negro: dos circunstancias que pesan mucho para el estodunidense promedio (ese que hoy llaman "Joe, el plomero"). Incluso llegué a pensar que McCain podría ganar, pues era el más liberal de los republicanos, por encima, incluso, de Mitt Rodney, y cumplía con el requisito de ser blanco (además de héroe de guerra y demás). Su grave error, ya se sabe, es haber elegido a la inmunda esa de la Palin.

Pero está bien, Obama le ganó a Hillary y mientras sea demócrata hay que apoyarlo por el bien de Estados Unidos, que es el bien del mundo entero. No me cabe duda, empero, que Obama la tiene difícil, aún cuando las encuestas lo ubiquen hasta 10 puntos arriba de McCain, pues no hay que menospreciar a los indecisos y a todos esos Joes, los plomeros, que viven en las entrañas más duras de Estados Unidos y que sin dudarlo, votarán por los republicanos --ni todas las minorías juntas, llámense negros, judíos, hispanos, migrantes, gays, que votarán por Obama, alcanzarán en votos a los gringos comunes y corrientes de, por ejemplo, Carolina del norte, Iowa, las Dakotas, Colorado, Tennessee.

Desde luego que quiero que gane Obama, mañana en las elecciones. Pero yo no estaría tan seguro de que así vaya a ser. No hay que estar tan confiados y más bien hay que esperar cualquier resultado como si fuera una sorpresa.

También en estos días he leído este libro que incluye una entrevista con Noam Chomsky y un ensayo de Vicenç Navarro. La entrevista de Chomsky está más o menos, no puede decir ni abundar mucho en ella porque todo está platicado y va rápido, no se detiene a estudiar --como podría hacerlo en un ensayo-- todas las problemáticas que menciona. Eso sí, no deja títere con cabeza, incluido Obama.

El ensayo de Navarro es más ilustrador. Parte de la idea de que no se debe estudiar la sociopolítica estadounidense desde el punto de vista de las razas y las minorías, como comúnmente se hace, si no desde las clases sociales. Así es como ve 3 clases sociales en Estados Unidos: los empresarios, la clase media y la media-media (que incluye a la baja).

La primera, explica Navarro, tiene coptado al poder político del que la gente tiene la impresión, según una encuesta, de que responde a otros intereses y no a los de los electores (de allí que Obama se presente como un anti-Washington). Esa clase empresarial no permitido el avance de reformas en las dos cámaras, pues siempre pagan grandes cantidades para las campañas presidenciales --como es el caso-- y para las de los congresistas, de manera que cuando estos llegan a sus puestos, no pueden hacer esas reformas porque de alguna forma están comprometidos con quienes financiaron su campaña.

Una de esas reformas, es un tema que a Navarro le interesa particularmente: el sistema de salud. En Estados Unidos, dice, 47 millones de personas no tienen ningún servicio de salud y 102 millones "no tienen cobertura suficiente, siendo la imposibilidad de pagar las facturas médicas la mayor causa de bancarrota familiar"(p. 97), por eso, asegura Navarro, hay moribundos que se mueren temiendo la deuda que van a dejar (En La música del azar, Paul Auster dice del personaje principal: "Su sueldo no era tan malo, pero la apoplejía que su madre sufrió cuatro años antes le había arruinado y todavía seguía mandando pagos mensuales al sanatorio de Florida donde ella falleció". Ficción que tiene su realidad en el documental Sicko, de Michael Moore.)

Este sábado 1 de noviembre, en Milenio se tradujo un artículo de Le Monde: "La industria farmacéutica, por ejemplo, busca evitar que se imponga un límite al precio de los medicamentos al público (al menos de los más comunes), hoy libre. Los grandes laboratorios temen la atribución de poderes amplios a la FDA, su autoridad pública de control. Temen, asimismo, ver limitadas su publicidad, o que una nueva Administración ceda a la exigencia de las asociaciones de consumidores de facilitar las denuncias contra los medicamentos nocivos o ineficaces."

Eso, de ninguna manera cambiará, dice Navarro, en caso de que Obama llegue a ganar, en primer lugar porque, dice el artículo de Le Monde, 49% de los recursos de la industria farmacéutica fueron donados a Obama, y en segundo lugar porque el demócrata "propuso un programa más reducido en el que no existe el mandato de seguro universal [como sucede en Europa, según insiste Navarro, y de alguna manera en México], excepto para niños, que sí se hace obligatorio. Tanto en las propuestas de Obama como en las de Clinton, la financiación pública consistiría, primordialmente, en ofrecer subsidios o degravaciones fiscales para facilitar que las personas se aseguren, con lo cual esas intervenciones representan un gran subsidio para las compañías de seguros" (p. 99). Estos números escalofriantes podrían sugir también de otro tema espinoso: la educación.

Así que, nada bueno se vislumbra si llega Obama a la presidencia este martes. A pesar de eso, no queda de otra más que desear que él gane.

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