16.6.09

24.2.09

[30 años del Vampiro de la colonia Roma]




5.2.09

Hace algún tiempo, un amigo que estudia Letras inglesas me dio, punto por punto, las razones por las cuales no le gusta la literatura latinoamericana: es tan enredada, busca siempre ser exótica a base de lenguaje y trama y estilo y, lo principal, según él, en el lenguaje siempre tienen que utilizar expresiones coloquiales, incluso las groserías.

Aunque era exagerado y extremista esa visión, en algún punto tenía razón. Él la comparó con la literatura en lengua inglesa, que estudia y lee, y después me dijo que nunca ningún escritor latinoamericano llegaría a emular siquiera a uno de sus autores predilectos, Kazuo Ishiguro. Lo mismo pudo haberla comparado con Mc Ewan, o Amis o Swift o Banville, pero él quiso hacerlo con Ishiguro, a quien yo no he leído. Pero he leído a los otros y puedo entender, hasta cierto punto, a lo que se refiere. Tampoco soy (y mi amigo no intentaba serlo deliberadamente) un admirador ciego de la literatura inglesa y no sostengo que sólo allá se estén haciendo las mejores cosas actualmente como, creo, lo hacen Mauricio Salvador y Daniel Espartaco y otros wannabes. Mi amigo, por el contrario, me preguntó qué autor latinoamericano debía leer según mi parecer y no dudé al decirle que a Martín Luis Guzmán.

Todo esto viene a colasión porque me parece que la novela de Daniel Sada, Casi nunca, ganadora del premio Herralde de Novela, entraría completamente en esa categoría de literatura latinoamericana que mi amigo desprecia. En efecto, la novela de Sada es enredosa, absolutamente barroca y de un lenguaje sí rico, pero soooo latinoamerican que da una gueva infinita seguirle el paso. Tiene una prolongación de oraciones que tiene que estar todo el tiempo solucionando con más y más y más cosas enredadas en un lenguaje barroco y sí, para desgracia de mi amigo, con groserías y majaderías y sinónimos de ésto por aquel primero que quiere referirse al décimo tercer tal y no sé qué.

Y para mí la novela de Sada tiene otra cosa aún más detestable: ¡está escrita en tercera persona! A estas alturas de la vida, simplemente ya no soporto las novelas en tercera persona. Esos narradores omniscientes tan del siglo XIX, ¿pero es que no conocen otra forma de contar una historia estos narradores dizque contemporáneos? Es tan repugnante ese tipo de narración como el plural mayestático de los críticos: "decimos, creemos, pensamos". ¿"Decimos, creemos, pensamos" quiénes? ¿Qué acaso no es él el que sostiene sus tesis como para decir algo tan sencillo como "digo, creo, pienso"?

En fin, ya se sabe que los premios están amarrados desde antes y eso no es excepción del Herralde: un agente literario le dijo a alguien --quien luego me lo contó-- que cuando iba a ganarlo Villoro le dijo algo así como: "Este año lo ganará un autor mexicano que sabe mucho de futbol". Y de Sada se dijo que él ya quería expandirse, salir de México luego de que sus editoriales no lo publicaran en España y el resto de Latinoamerica ni porque eran transnacionales como Tusquets y Planeta. Pero el escándo del premio Herralde más reciente no recae sobre Sada sino sobre uno de sus finalistas. Pronto lo sabrán.


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Y la poesía no se queda atrás. Esa poesía sooo latinoamerican (nacida de Deniz y Milán) que es de una gueba infinita. Mi amiwi Arturo Ramírez Lara lo ha dicho bien en su blog en un post chistoso pero, como le digo, entre risas y burlas salen las veras... tanto que ya se sintió ofendido uno y hasta usa a otro que recién publicó un texto en cierta revista para autodefenderse. A esa poesía latinoamericana hace referencia Víctor Manuel Mendiola en su reseña de este mes en Nexos. A veces es difícil no coincidir con Mendiola en casos como estos.

3.2.09

[Varia]

Permanecer en casa, dedicado al onanismo es lo más disfrutable del mundo en medio de una vorágine que en el resto del mundo hace de la vida una preocupación constante. Y es que este puente me lo tomé largo, desde el viernes no vine a la oficina y estuve en casa, leyendo, escribiendo mucho y viendo películas, ¡qué vida tan envidiable!, ¿no le parece, lector? Incluso me curé de una gripe que en la última semana quería atacarme: todos los días me levantaba con un dolor de garganta que ya vislumbraba yo lo que sería. Pero es que con los días de descanso, comiendo la deliciosa comida de mamá (o la de papá ayer), despertando tarde, tirado en la cama leyendo, con música a gusto del Itunes y escribiendo a ratos, uno se cura de cualquier malestar.

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No sé por qué o desde cuándo a los periódicos (y otras publicaciones) les dio por poner los días y los meses en mayúsculas. Según yo, esos sustantivos sólo se pone en mayúscula la primera letra si se escriben en inglés o alemán, pero no en español. No tengo el diccionario de ortografía de la RAE, pero puedo apostar que no dice que debamos escribir Enero o Febrero así, sino enero o febrero y lunes o martes (y no Lunes o Martes). Y lo peor es que el Reforma también pone en mayúscula dentro de sus textos País, por ejemplo: "Tantos muertos el día de ayer en todo el País", ¿qué país se llama País para que se le pueda llamar País y no país? Perdón que lo diga así pero eso me parece una reverenda mamada, lo único que demuestran es que no saben hablar español (¿o Español es lo que yo no sé hablar ni escribir?).

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Creo que el blog está pasando de moda, ya no me entusiasma nada postear algo aquí, hasta se me olvida y me parece anacrónico. Usted, querido, hipócrita y curioso lector, disculpará: ahora todo lo hago y posteo en Facebook.

13.1.09

[Libros bonitos]

Hoy fui a Aldus a recoger ejemplares del libro Viaje a México, de Paul Morand, traducido por Villaurrutia y con presentación mía. El librito quedó muy bonito --puede ver, lector, la portada en la parte derecha de este blog y, claro, si lo ve en alguna librería, pues ¡cómprelo! No sé por qué, pero tengo la impresión de que siempre me hacen libros bonitos: la antología de poesía homoerótica me gusta mucho, mi libro, que salió el año pasado, me encanta (además, porque yo escogí la foto) y ahora este con esta portada sobria, en verde, con sólo tipografía.

Y me atreveré a decir más: donde he participado en la edición, los libros quedan chulos; en la antología de poesía homoerótica yo sugerí algo así para la portada y en este de Morand yo ayudé a cuidar la edición --para ya no hablar de mi libro que hice yo casi toditito. Por eso, creo, los libros de Quimera ediciones gustan tanto: aunque yo lo ideé, la verdad es que el diseñador, que es un chingón, supo hacer muy bien lo que yo había pensado y, luego, el impresor, que es también muy bueno, nos ha entregado libros de excelente factura.

Por eso es que no soporto los libros feos. Para empezar los de Porrúa --que por fortuna ya no son a dos columnas-- y ahora, lamento decirlo, los de Páramo ediciones que ya pude ver en una librería: lo siento mucho por Geney, de quien tengo muy buena opinión como editor, como escritor y como amigo, pero los libros son feos, mal impresos, en un papel horrendo y con una caja espantosa que la hace ver doblemente horrible porque, como están mal impresos, está toda chueca.

¡Ay, pero qué emoción me produce ver este nuevo librito! ¡Felicidades a Aldus! Y gracias, muchas gracias, a Ernesto, a Gerardo y a Luis, pues luego de 4 años el librito por fin ha salido.

30.12.08

[cinco]

Si mal no lo recuerdo, este blog cumple por estos días 5 años de estar on line. ¡Vaya! Si parece que fue ayer...

22.12.08

[Lo odio]

Ti odio perché non ti amo piú,
perqué non posso perdonarti
di non riuscire piú ad amarti.

-Patrizia Cavalli.

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Te odio porque ya no te amo
porque no puedo perdonarte
que ya no pueda amarte.

(Versión de Fabio Morábito)

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Para ser honesto, nunca pensé que una poeta lencha me gustara tanto (bueno, ¡ni la Yourcenar!). Estos últimos días he devorado --esa es la expresión-- la antología de la poesía de la italiana Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo (UNAM, 2008). Creo, guardando las proporciones, que su obra se parece mucho a la de Penna (pero en mujer -auténtica- aunque tortillera, claro): sus poemas no tienen título, la sencilla complejidad de la vida diaria es retratada fielmente en sus poemas de versos cadenciosos y musicales, llenos de irónicas rimas.

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Presumo muchísimo la hermosisisisisíma edición que me envió Martha Canfield desde Firenze de Di stanza a Roma de mi adoradérrimo Eielson.

18.12.08

[Sin día y sin año]

No es algo que me haya propuesto de forma deliberada, simplemente así se ha dado. Desde hace años que no uso reloj de pulso, de manera que nunca sé qué horas son ni en qué día vivo. Siempre ando preguntando "qué día es", si es jueves o lunes o sábado, y qué fecha. Y por eso de andar sin reloj y sin saber la hora, siempre ando a las carreras, corriendo para todos lados. Todo eso tiene sus ventajas y sus desventajas, claro: por una parte estoy apartado del mundo, no me rijo por los horarios de los demás y hago lo que se me dé la gana, salgo de la oficina cuando quiero y llego cuando se me antoja, sin checar en el burocrático reloj. Pero eso a su vez trae las desventajas: creo que todo mundo funciona a mis horarios y quiero que la gente trabaje cuando yo trabajo y coma cuando yo como y etc., lo cual no es posible. Aún así prefiero, por mucho, mis ventajas de andar sin brújula.

9.12.08

[Desierto el Tusquets de Novela]

El martes pasado, durante la FIL, Tusquets editores dio a conocer los resultados de su cuarta convocatoria a su premio de novela. Lo declararon desierto por segunda vez, en los 4 años que lleva de existencia. ¿En verdad de las más de 400 novelas enviadas no había una que lo mereciera? En los últimos 3 años, el Planeta lo han ganado 3 importantes escritores españoles y el Herralde hasta tuvo en su última edición 3 finalistas, además del ganador y el finalista, pero el Tusquets... ¿ninguno? Desde luego, no es que les conceda demasiada importancia a los premios, es sólo que creo sospechar cierta actitud en la editorial española: creen que declarando desierto su premio lo van a hacer más prestigioso, cuando en realidad, para un premio que va empezando, es todo lo contario y resulta extraño y desconcertante que dos de dos no haya habido ganador. El prestigio se gana con obras y con nombres, no con huecos y ausencias.

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Con motivo de la presencia de Italia en la FIL pasada (para mí sólo hay una FIL, y esa es la de Guadalajara), escribí una reseña de la novela Suaves caen las palabras, de Lalla Romano, para el número monográfico de Luvina, Stazione Italia.

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También, con motivo de mi presencia en la FIL con mi libro de versitos, No recuerdo el amor sino el deseo, me entrevistaron de Público-Milenio, hacer click aquí para leer la interviú.

4.12.08

[El placer de la lectura]

El placer de la lectura
Valerio Massimo Manfredi

Presenta: Sergio Téllez-Pon

Salón Elías Nandino, 17 hrs.
FIL, Expo Guadalajara.

29.11.08

[Quimera llega a la Fil]

¡Allá nos vemos!

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¿Quiere usted, curioso e hipócrita lector, saber en qué acabaron las elucubraciones de Téllez-Pon sobre el gusto muy particular de los gays por Madonna? Entonces haga click aquí.

21.11.08

[Reacción a No recuerdo...]

Ya hay algunas reacciones en la web a mi libro de versitos No recuerdo el amor sino el deseo. Aquí, por ejemplo, me objetan algunas cosas que, aunque agradezco la lectura, son totalmente inexactas: por ejemplo, este lector no entiende mi referencia en el poema Vista desde Twin Peaks, pues no se refiere sólo a que se tomen de la mano hombres y mujeres ("¡Qué novedad!", dice el irónico lector). Cuando ese poema se publicó en Un orbe más ancho, le quitaron la fecha en que lo escribí y creo que eso le quitó mucho de la interpretación, S., en cambio sí lo entendió y eso me reconfortó un poco. Tampoco entiende mis referencias-homenajes a Gil de Biedma, Owen, Gorostiza, Cernuda, Hart Crane, Villaurrutia, Supervielle, Sandro Penna, Juan Carlos Bautista, y hasta hay una cita perdida por ahí de Carlos Fuentes, porque es evidente que no los conoce o no sabe de las tradiciones poéticas, como me dijo el otro día por messenger D. Y tampoco entiende que el título hace evidente referencia a eso que me critica en el título de su post: es muy claro que no hay amor y que todo queda en mero deseo.

El libro ya está a la venta aquí, aquí y aquí.

18.11.08

[Sandro Penna]

Hace ya varios años conocí algún poema de Sandro Penna (Perusa, Italia, 1906- Roma, Italia, 1977), en un taller de poesía que impartió Ernesto Lumberas. Por algún tiempo creí que ese poema --el primero de mi selección--, era de René Char, otro poeta que Lumbreras nos dio a leer. Pero fue hasta que conocí al poeta tapatío Guillermo Fernández, apasionado de la literatura italiana, que volví a encontrarme con Penna y gracias a quien he leído casi toda la literatura italiana en español: Ungaretti, Campana, Verga, Saba, Pirandello, Papini, Botempelli, Tozzi, Savinio Alvaro, Cardarelli, Montale, Quasimodo, el mismo Penna, Tozzi, Pozzi, Pavese, Gadda, Buzzati, Moravia, Caproni, Sereni, Vittorini, Tomasi, Pasolini, Sciascia, Calvino, Ginzburg, Zanzoto, Cataffi, hasta Magrelli. Intenté seguir, pues, a Penna a lo largo de estos años: lo encontré en tres antologías de poesía gay, dos estadounidenses y una española, pero, principalmente, gracias a Guillermo quien ha traducido varios más poemas, algunos en exclusiva me los ha enviado. Sin embargo, eso no era suficiente. De manera que aproveché el viaje de un amigo para hacerme traer el tomo de la poesía de Penna, Poesie (Garzanti, 2000). Creo que Guillermo me dijo alguna vez que Penna había escrito poco, pero ahora veo que su poesía completa supera las 400 páginas, mismas que no he dejado de releer desde que cayó en mis manos hace unas semans y por eso he cometido el atrevimiento de traducir estos poemitas sueltos. En España, recién apareció Cruz y delicia / Extrañezas, traducido por Edgardo Dobry y publicados por Lumen en 2006, pero la transnacional no se ha preocupado por traerlo a México.

10.11.08

Me gusta poder estirar el brazo y tener en pocos segundos el libro con el que acabo de tropezarme en alguna referencia. Así, ayer, recuperado de la desvelada y la cruda, luego del desayuno y del concierto de la OFUNAM por el 22, leía tumbado en mi cama la reseña del New York Times a 2666, de Bolaño, quise tener de inmediato la novelota de Bolaño en mis manos: moví un par de libros y enseguida lo tuve entre mis manos.

En una de nuestras largas llamadas telefónicas, G., una vez me increpó: "¡Qué! ¿Vives en un cuarto de azotea o qué?" Me quedé perplejo, ¿a qué venía eso? "Bueno, es que yo viví en un cuarto de azotea y tenía todos mis libros a la mano, como tú, que siempre que hablamos de un libro lo sacas de inmediato", se explicó. No sé de qué libro estábamos hablando G. y yo, quizá de algún italiano o más probablemente Cernuda, para variar entre G., y yo, pero ciertamente lo tenía a la mano y lo saqué del librero.

Otras veces, sin embargo, no ha sido así. Cuando encuentro la referencia a un libro en algún otro libro o texto, y sé que lo tengo y quiero corroborar el dato, o simplemente me entraron ganas de releerlo --cosa que me sucede más habitualmente--, mi mente empieza a ubicar el libro y si está enterrado entre mil libros más, me entra una flojera inmensa de mover tantos libros para sacar uno solo. O, como sucede también habitualmente, me arriesgo y los muevo sabiendo de antemano que me voy a enfurecer cuando se vengan abajo, entonces la flojera inmensa me entrará cuando tenga que reacomodarlos. En otros casos, los menos, el libro en cuestión es prácticamente inaccesible, así que me quedo con las ganas e intento subsanar mi impulso con algún otro libro que me distraiga.

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El poemita con el que abre mi librito No recuerdo el amor sino el deseo (que ya estará en librerías de todo el país la próxima semana), ha sido traducido tres veces, ¡tres!, por mi amigo Omar Feliciano aquí.

3.11.08

[Obama ¿presidente?]


Con sólo abrir los periódicos de este fin de semana, me di cuenta de que casi todos están seguros de que Obama será el primer presidente negro de Estados Unidos. La verdad, yo no estaría tan seguro.

En las primarias, debo reconocer, mi candidata era Hillary Clinton. Sin embargo, también sabía --o algo me decía-- que no iba a ganar; es más, que ninguno de los demócratas iba a ganar: la Clinton por ser mujer y Obama por ser negro: dos circunstancias que pesan mucho para el estodunidense promedio (ese que hoy llaman "Joe, el plomero"). Incluso llegué a pensar que McCain podría ganar, pues era el más liberal de los republicanos, por encima, incluso, de Mitt Rodney, y cumplía con el requisito de ser blanco (además de héroe de guerra y demás). Su grave error, ya se sabe, es haber elegido a la inmunda esa de la Palin.

Pero está bien, Obama le ganó a Hillary y mientras sea demócrata hay que apoyarlo por el bien de Estados Unidos, que es el bien del mundo entero. No me cabe duda, empero, que Obama la tiene difícil, aún cuando las encuestas lo ubiquen hasta 10 puntos arriba de McCain, pues no hay que menospreciar a los indecisos y a todos esos Joes, los plomeros, que viven en las entrañas más duras de Estados Unidos y que sin dudarlo, votarán por los republicanos --ni todas las minorías juntas, llámense negros, judíos, hispanos, migrantes, gays, que votarán por Obama, alcanzarán en votos a los gringos comunes y corrientes de, por ejemplo, Carolina del norte, Iowa, las Dakotas, Colorado, Tennessee.

Desde luego que quiero que gane Obama, mañana en las elecciones. Pero yo no estaría tan seguro de que así vaya a ser. No hay que estar tan confiados y más bien hay que esperar cualquier resultado como si fuera una sorpresa.

También en estos días he leído este libro que incluye una entrevista con Noam Chomsky y un ensayo de Vicenç Navarro. La entrevista de Chomsky está más o menos, no puede decir ni abundar mucho en ella porque todo está platicado y va rápido, no se detiene a estudiar --como podría hacerlo en un ensayo-- todas las problemáticas que menciona. Eso sí, no deja títere con cabeza, incluido Obama.

El ensayo de Navarro es más ilustrador. Parte de la idea de que no se debe estudiar la sociopolítica estadounidense desde el punto de vista de las razas y las minorías, como comúnmente se hace, si no desde las clases sociales. Así es como ve 3 clases sociales en Estados Unidos: los empresarios, la clase media y la media-media (que incluye a la baja).

La primera, explica Navarro, tiene coptado al poder político del que la gente tiene la impresión, según una encuesta, de que responde a otros intereses y no a los de los electores (de allí que Obama se presente como un anti-Washington). Esa clase empresarial no permitido el avance de reformas en las dos cámaras, pues siempre pagan grandes cantidades para las campañas presidenciales --como es el caso-- y para las de los congresistas, de manera que cuando estos llegan a sus puestos, no pueden hacer esas reformas porque de alguna forma están comprometidos con quienes financiaron su campaña.

Una de esas reformas, es un tema que a Navarro le interesa particularmente: el sistema de salud. En Estados Unidos, dice, 47 millones de personas no tienen ningún servicio de salud y 102 millones "no tienen cobertura suficiente, siendo la imposibilidad de pagar las facturas médicas la mayor causa de bancarrota familiar"(p. 97), por eso, asegura Navarro, hay moribundos que se mueren temiendo la deuda que van a dejar (En La música del azar, Paul Auster dice del personaje principal: "Su sueldo no era tan malo, pero la apoplejía que su madre sufrió cuatro años antes le había arruinado y todavía seguía mandando pagos mensuales al sanatorio de Florida donde ella falleció". Ficción que tiene su realidad en el documental Sicko, de Michael Moore.)

Este sábado 1 de noviembre, en Milenio se tradujo un artículo de Le Monde: "La industria farmacéutica, por ejemplo, busca evitar que se imponga un límite al precio de los medicamentos al público (al menos de los más comunes), hoy libre. Los grandes laboratorios temen la atribución de poderes amplios a la FDA, su autoridad pública de control. Temen, asimismo, ver limitadas su publicidad, o que una nueva Administración ceda a la exigencia de las asociaciones de consumidores de facilitar las denuncias contra los medicamentos nocivos o ineficaces."

Eso, de ninguna manera cambiará, dice Navarro, en caso de que Obama llegue a ganar, en primer lugar porque, dice el artículo de Le Monde, 49% de los recursos de la industria farmacéutica fueron donados a Obama, y en segundo lugar porque el demócrata "propuso un programa más reducido en el que no existe el mandato de seguro universal [como sucede en Europa, según insiste Navarro, y de alguna manera en México], excepto para niños, que sí se hace obligatorio. Tanto en las propuestas de Obama como en las de Clinton, la financiación pública consistiría, primordialmente, en ofrecer subsidios o degravaciones fiscales para facilitar que las personas se aseguren, con lo cual esas intervenciones representan un gran subsidio para las compañías de seguros" (p. 99). Estos números escalofriantes podrían sugir también de otro tema espinoso: la educación.

Así que, nada bueno se vislumbra si llega Obama a la presidencia este martes. A pesar de eso, no queda de otra más que desear que él gane.