13.10.05

[Nadie es nada]

El poeta Juan Manuel Roca (Medellín, Colombia, 1946), ganó este año en su país el prestigioso Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura por la publicación del libro La hipótesis de Nadie. Con ese motivo, el Fondo de Cultura Económica de Colombia edita esta imprescindible antología personal de la obra de Roca, Cantar de lejanía (FCE-Colombia, 2005).

Roca pasó su niñez en París y parte de su juventud en México. Además, tuvo un tío poeta, Luis Vidales, quien sin duda influyó en la formación del sobrino. Para el poeta colombiano, Harold Alvarado Tenorio, esta influencia se da porque, según explica, “ambos son irracionales en poesía, no respetan ley alguna y son arbitrarios y pendencieros, es decir, vanguardistas”.

En Roca hay dos manantiales: la demencia de la escritura automática y el acierto para criticar con saña los actos del establecimiento. Según Alvarado Tenorio, Roca es “la encarnación de un profeta que desprecia el trabajo como lo entiende el burgués, así no desdeñe ahora los placeres que ofrece este mundo ni haya vendido, del todo, su alma al diablo en una noche de Walpurgis”.
Por su parte, el poeta chileno Gonzalo Rojas, no duda en confesar, hacía el final del prólogo a Cantar de lejanía: “Me hubiera gustado escribir muchos de sus textos. Tanta es la afinidad entre visión y lenguaje entre los dos”. Es decir, lo que surge de la semejanza en la visión del mundo y de la utilización del lenguaje culmina en la feliz coincidencia de sus poéticas, del tono. Sobre esto último, el gran poeta chileno prosigue: “Poeta mío entre los míos, lo que más celebro en él es la fiereza, esa amarra entre vida y poesía que llega a lo libérrimo, el tono, el tono, como dijo Vallejo, el epicentro de decir el Mundo”. Ese tono sencillo, bien dosificado de la poesía de Roca, que viene con la mesura del verso, resulta desastroso al combinársele con el arma más letal del mundo: la palabra. De ahí que la suya sea una poesía asombrosa.

El tono cambia en la obra de Roca, va de los poemas un tanto satíricos de Luna de ciegos de 1975 y de Los ladrones nocturnos de 1977, a los de una atmósfera muy rulfiana de Tríptico de Comala de 1989; y de esos poemas que describen la desgarradora vida política y social colombiana de País secreto de 1987, a los interioristas Monólogos aparecidos en 1994. Y, finalmente, los poemas apocalípticos de Las hipótesis de Nadie y Poemas sin libro, con los que se cierra este Cantar de lejanía.

Por ejemplo, este tono desgarrado es perceptible en “Una carta rumbo a Gales” donde no hay mensajero ni destinatario y quien escribe está atrapado, sin salida. Los colombianos, y todo el mundo, saben que no es necesario comentar un texto como este. Todo está muy fresco a nuestro alrededor, la sangre no termina de secarse ni en las paredes, ni en los andenes, ni en las caballerizas, ni sobre las aguas de los ríos.

Por su parte, el germen de Las hipótesis de Nadie, un libro en verdad notable como pocos, se encuentra en su poema “Breve historia de Nadie” del libro Pavana con el diablo de 1990:

Dice el señor Nabokov que la literatura no nació cuando un niño de una valle del Neandertal llegó gritando: ¡Un lobo!, ¡un lobo!, y tras de él, cuatro patas al aire, un lobo gris blandía su lengua chasquante.
Dice, mejor, que la literatura nació cuando un niño de un valle del Neandertal llegó gritando: ¡un lobo!, ¡un lobo!, y tras de él nadie venía.
Desde entonces, nadie es un eterno personaje, un fantasma en los valles del poema.

Dieciséis años después, en Las hipótesis de Nadie, Roca ampliará a detalle esta poética del Nadie. Nadie, dijo el maestro de retórica Abel Martín, según Machado, es la personificación de la nada. El mundo póetico de Roca sucede donde reina en el caos, y la individualidad ha desaparecido, Nadie es, puesto que todos quieren ser Alguien.

Por eso, el Premio Nacional de Poesía por parte del Ministerio de Cultura colombiano fue un justo reconocimiento a esta obra; ahora, por su parte, el Fondo de Cultura Económica pone en manos del lector Cantar de lejanía para que le otorgue otro premio, el más preciado: su lectura.


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Cantar de lejanía de Juan Manuel Roca se presenta este sábado en el café literario de la Feria del Libro del Zócalo a las 15 hrs. Presentarán Marco Antonio Campos y el autor, presentados por José Ángel Leyva.

1 comentario:

Medeo Mandarino dijo...

¿Ha leído algo de Harold Pinter, recién elevado a los altares del Nobel posmoderno? Lástima, nuestro fabuloso especimen tropical Varguitas Llosa no tiene oportunidad con la quizá demasiado nórdica Academia Sueca de Ciencias.
-Yanni Pex

Medea la falta de fe