25.8.05

A.B.U.R.T.O.

¿Por qué en 1994? ¿por qué el Nafta (TLC, por sus siglas en español)? ¿por qué el EZLN y Marcos? ¿por qué Colosio? ¿por qué Aburto? ¿por qué en Lomas Taurinas? ¿por qué en Tijuana? ¿por qué Salinas? Y ya entrados en gastos, ¿por qué A.B.U.R.T.O.? ¿por qué Yépez? Todas esas preguntas se van formulando conforme se avanza en la lectura de la más reciente novela de Heriberto Yépez, A.B.U.R.T.O. (Sudamericana, 2005). Pero cabe advertir que aquí no pretendo encontrarles respuesta.

Si ya desde principios del siglo pasado, Tijuana era el congal de Estados Unidos (hoy se diría, eufemísticamente, “el patio trasero” más cercano a la Unión Americana), en 1994, gracias al salinismo, pasó a ser la ciudad-maquila por excelencia. También, gracias al salinismo y al Nafta, muchos trabajadores se vieron forzados, por incompetitividad o por lo que ustedes gusten y manden, a dejar sus tierras, familias y pertenencias para emigrar A partir de entonces, a Tijuana fueron llegando, en mayor número, migrantes de todas partes del país pretendiendo cruzar ilegalmente la frontera hacia los Estados Unidos. Muchos no lo lograron y ahí se fueron quedando a vivir. Entonces, la única opción que les quedaba era trabajar en las maquiladoras que día con día se iban instalando en ese suelo montañoso, árido y de clima extremo. Así fue como llegó Mario Aburto Martínez a esa ciudad, la última del país, la más septentrional, donde da vuelta el aire, en el culo del Diablo o, en su defecto, dejada de la mano de Dios… Allí donde, según reza su lema: “Inicia la patria”. Quizá sea por eso que, al llegar a Tijuana, Mario diga convencido, en las letras de Yépez: “No hay causas Bros. Pero hay Tijuanas”.

Este libro hilarante de Yépez recrea la vida de Aburto (ya se sabe, el asesino confeso del entonces candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta), antes, durante y después de su estancia en esa ciudad fronteriza. Yépez presenta a un Aburto como “indio nafteado” (whatever that means), retraído, ensimismado, rebelde pero ilustrado (según Yépez, lee al menos un libro a la semana; supongo que ahora en un penal de máxima seguridad ha de leer más) y, finalmente, ilusionando un futuro como en la película Mad Max. Casi casi preparando todo para el día D. Y, ¿después? Antes y después, el interrogatorio a base de tehuacan en la nariz, madrizas, putizas, mentadas de madre incesantes para que delate a quien esté detrás de todo ese desmadre… Pero ya lo digo él mismo: “No hay causas, Bros. Pero hay Tijuanas”. (A manera de estribillo o ritornello, esa bien podría ser su máxima). Y, ¿después? Después, como diría un bolero: “Después ya no hay después”.

Yépez narra A.B.U.R.T.O. con un lenguaje extremadamente rico que ya se percibía en gran parte de su obra; es el lenguaje que brota en cada esquina de esa ciudad extraña, apartada, outsider del centralismo que se creó a sí misma y hoy es una leyenda (ojo: no estoy diciendo o reiterando esa gran patraña que algunos “empresarios” llamaron “La tercera nación”); la ciudad que antes era una gran hacienda de nombre Tía Juana: Tijuana. Por eso, tampoco debe parecer extraño que Yépez haya escogido a un apestado, a un condenado, a un señalado como Aburto para crearle una “historia” y que, además, lo haya hecho magistralmente. Esta es ya, siguiendo lógicas establecidas por la crítica literaria, sin duda, una obra de madurez. A diferencia de su anterior novela, A.B.U.R.T.O. es más sólida, está mejor estructurada, Yépez suelta más su pluma, arriesga más y se consolida como una de las voces más relevantes del actual y desolador panorama de nuestras letras. Sin embargo, la Neta, a mí me sigue gustando más el Yépez ensayista, pero eso ya es mero gusto personal y lo dejo para después…

1 comentario:

20Th Century Boy dijo...

Jodidamente interesante, aprobecho para invitarlo a usted y aus apreciable familia a que vote por el Final De Temporada de su predileccion, si sr como lo leyo, aqui mismo en Ozkarland, donde lo bueno , bonito y varato sale caro.