Ayer te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste de... ¡Andalucia!
*
Guadalajara andaluza: La FIL es la feria de los libros y de los excesos.
30.11.06
21.11.06
17.11.06
[Un poema de Sandro Penna]
Feliz quien es distinto
siendo también distinto.
Pero ¡ay! del que es distinto
siendo tan sólo común.
Sandro Penna (Italia, 1906-1977),
Versión de Guillermo Fernández.
siendo también distinto.
Pero ¡ay! del que es distinto
siendo tan sólo común.
Sandro Penna (Italia, 1906-1977),
Versión de Guillermo Fernández.
(De Veintidós poetas italianos, UNAM, México, 2006)
15.11.06
[Y ahora: Pet Shop Girls, digo, Boys]
Para que acabe de chokearse Ramírez Lara, ahora Pet Shop Girls, digo, Boys: ayer fui a su concierto en el Auditorio Nacional y el pedo es que sólo me supe tres rolas (y una de ellas era un cover), porque, obvio, no soy de la generación que los escuchaba en sus buenos años pues estás ya están tan rucas que casi salen al escenario en silla de ruedas y con tanque de oxígeno. Pero en fin, qué se le va a hacer si los boles eran de a grapa. Una de las rolas que me supe, y con la que cerraron su jotérrimo concierto fue "Go west":
14.11.06
[Pop barroco]
11.11.06
[Las sociedades de convivencia y lo que sigue]

Los trabajos legislativos en la ALDF iniciaron a las 11 a.m. y casi de inmediato se inició la discusión de la Ley de Sociedades de Convivencia. Lo primero que hicieron los panistas, fue presentar una moción suspensiva con la cual pretendían regresarla a las comisiones unidas de Equidad y género y Derechos humanos pues, argumentaban, no fue lo suficientemente discutida y sólo se aprobó en lo general y no en lo particular (es decir, artículo por artículo). Desde luego, la moción no prosperó. En sus discursos los diputados panistas, una y otra vez, hacían alarde de no discriminar, estar a favor de las minorías, de respetar los derechos humanos, de reconocer al ser humano, etcétera, etcétera… Un cinismo lleno de verborrea nunca antes visto. Tacharon a la ley de demagógica y querer legislarla al vapor, de privilegiarla al darle una salida rápida: ¿les parece “legislar al vapor” una ley que lleva discutiéndose más de 4 años y que detrás de eso hay todo el trabajo de un movimiento de lucha por los derechos de gays y lesbianas de más de 30 años? Simplemente era un sinsentido todo lo que decían ya que ignoran todo lo que ha hecho este movimiento social y sus organizaciones civiles en pro de las minorías sexuales.
Luego, bajo esos argumentos, pedían que se regresara a comisiones para que, en lugar de crear una ley específica, se remitiera todo al código civil pues, según ellos, la ley no aclaraba el parentesco que tendrían quienes suscribieran una sociedad de convivencia. Uno de ellos hasta ejemplificó: se dice esposa o esposo, marido y mujer, cónyuges. Desde luego, no entendían que esta ley no busca crear un “matrimonio” o algo parecido sino que es un contrato socio-económico que suscriben dos personas quienes asumen responsabilidades mutuas, económicas primordialmente, algo así como convenientes o socios (partners como se dice en inglés). Entonces, un diputado del PRD, le preguntó al panista Alfredo Vinalay que si esta ley se regresaba a las comisiones para modificar los puntos que ellos querían estarían en la posibilidad de votarla a favor. Por supuesto, no hubo respuesta de Vinalay ni de ninguno de sus compañeros de bancada así que la suerte estaba echada.
Así, una y otra vez se evidenciaba que el PAN no aprobaría la ley bajo ninguna circunstancia. Entonces quedó claro que, como lo dijo Víctor Hugo Círigo en su discurso, el PAN pretendía ocultar su abierto desacuerdo con la ley de Sociedades de Convivencia con recursos leguleyos. Mientras el PRI suscribió sus puntos en contra puntualizándolos (en lo cual coincidía con el PAN), el Revolucionario Institucional lo hizo bajo el cauce legal (presentó sus observaciones en un documento a la presidencia de la mesa directiva) y sin ese discurso tan típico de la doble moral panista. Al final, la cara de los diputados panistas evidenciaba una derrota: la maquinaria de izquierda (PRD, PT, Alternativa y Convergencia) se impuso quizá como ellos tantas veces han mayoriteado a estos y otros partidos aprobando leyes al vapor en el Congreso de la Unión (por ejemplo, la Ley Televisa muy recientemente). La votación final, ya se sabe, fue de 43 votos a favor, 17 en contra y 5 abstenciones.
La ley de Sociedades de Convivencia es sólo el primer triunfo de toda una serie de exigencias que faltan por reconocerse para llegar así a un pleno gozo de las libertades, derechos y responsabilidades de que disfruta un ciudadano común. Por ejemplo, falta tipificar los crímenes de odio por homofobia, crear una fiscalía especial de crímenes por homofobia en la PGJDF, clarificar las penas para quien viole la ley antidiscriminación en la capital de la República, regular el sexoservicio tanto masculino como femenino, así como es urgente y necesario que el Gobierno del Distrito Federal impulse cuanto antes campañas de prevención de Infecciones de Transmisión sexual (ITS), VIH/Sida y Hepatitis B ya que esto se lleva a cabo en la ciudad por la Secretaría de Salud del gobierno federal a través del Censida. También es urgente una ley que reconozca el cambio de identidad de tantos compañeros transgéneros y travestis. Y finalmente, ampliar los servicios de salud para personas que viven con VIH, en particular, la Clínica Especializada Condesa modernizando sus instalaciones y ampliando sus horarios de servicio. Todo eso y más falta por hacer.
Esperemos que la izquierda en la ALDF tome estos asuntos en sus manos y lleve a todas las modificaciones necesarias, principalmente el PRD que ahora se ha reivindicado con la comunidad LGBT.
*En la foto tomada de la portada de La Jornada de ayer, Etzel besuqueándose con su novio al pie de las escalinatas de la ALDF durante el festejo por la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia, y yo al lado, festejando desaforado, of course.
9.11.06
[La Almodóvar volvió]
Pues como ya había dicho desde marzo o abril de este año (véase el historial de este burlesque), la almorrana dejó de ser tal (con esas pelís tan horripilantes por el sentimentalismo asqueroso de "Todo sobre mi madre", el enredo antialmodovar de "Hable con ella" y la excesiva y fallida autoreferencialidad de "La mala educación"), y volvió a ser Almodóvar, con sus chicas y sus historias femeninas donde siempre los hombres serán los malos.
La Jornada, Domingo 29 de octubre de 2006
Volver
Carlos Bonfil
Luego de un estupendo arranque en el cementerio del pueblo, donde un grupo de mujeres cantan, arreglan y limpian las moradas de sus difuntos, al tiempo que intercambian chismes y habladurías de manera jovial y festiva, Volver, decimosexto largometraje de Pedro Almodóvar, renueva con brío similar su gusto por la narración paralela y la fusión de géneros. Comedia y melodrama en los ambientes también contrastados de la ciudad y la provincia, añadiendo ésta vez al registro realista un relato de fantasmas, y haciendo transitar a sus personajes de las atmósferas más negras al rojo encendido de las emociones madrileñas. Al modo de Matador y sus metáforas taurinas, pero con el tema del amor madre-hija remplazando con intensidad parecida los desbordamientos pasionales de las primeras cintas del realizador manchego. Considérese la propuesta argumental: una madre, Raimunda (Penélope Cruz), protege a su hija luego de que ésta mata al padre (en realidad padrastro) que ha intentado violarla. Las dos mujeres descubren la solidaridad y la renovación del cariño a partir de un hecho de sangre. Este tema, inspirado en El suplicio de una madre (Mildred Pierce, 1945), melodrama interpretado por Joan Crawford, tiene como contrapartida la visita que hace Sole (Lola Dueñas), hermana de Raimunda, al pueblo natal para asistir a un funeral, luego del cual descubrirá que su madre, a la que creía muerta, sigue aún muy viva y dispuesta a conquistar de nuevo el cariño de sus hijas.
Después de La mala educación, película con un reparto predominantemente masculino y una trama plagada de enigmas y solemnidad sentimental, el español Pedro Almodóvar regresa a la claridad narrativa, a la comedia y al universo femenino de su primera época. Volver es el rencuentro, mitad festivo, mitad melancólico, con algunas de sus actrices favoritas, Carmen Maura y Penélope Cruz, y también con el terruño, ensayando de paso un acercamiento inusitado a lo fantástico con ese fantasma materno, que luego de pocas escenas cobrará una presencia material vigorosa. Es también el regreso al mundo doméstico de ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, con una madre de familia próxima a la neurosis, pero rebosante de vitalidad, y a las heroínas pop de Mujeres al borde de un ataque de nervios, en su tránsito del Madrid de la movida a una provincia que el cineasta describe con la emoción de un hijo pródigo.
Aunque en Volver el tema de la madre es omnipresente, el registro nostálgico rechaza la complacencia y lo hace disolviendo las desgracias en el juego de la farsa, en el humor de réplicas chispeantes, en un reality show televisivo o en la hilarante interpretación que hace Carmen Maura de una vagabunda rusa. Otra presencia femenina, famosa en teleseries españolas, es Blanca Portillo, interpretando aquí a Agustina, una vecina aquejada de cáncer, quien en busca de su madre extraviada, tal vez fallecida, acude a la televisión sólo para ser objeto del morbo que distribuye aplausos a los enfermos terminales, desentendiéndose por completo de sus vidas afectivas. Agustina, mujer de provincia, nuevo personaje recio de Almodóvar, abandona con dignidad el estudio y encuentra comprensión y cariño en el fantasma femenino más cercano (otra vez Carmen Maura, instalada en icono materno). Las actuaciones son estupendas y registran con igual aplomo el artificio lúdico y la emotividad a flor de piel. Hay homenajes al cine hollywoodense y al neorrealismo italiano, a Joan Crawford y a la Anna Magnani de Bellissima (Visconti, 1951), refrendando una vez más la reputación de Almodóvar como virtuoso retratista de la mujer en el drama y en la comedia, en la contención y en el exceso. La historia es absurda, inverosímil, como tantos otros relatos del fabulador manchego, pero su tema central, el rencuentro afectivo, tiene una concisión tan emotiva que obliga al espectador más recio a admitir que si los fantasmas no existen, habría que inventarlos.
La Jornada, Domingo 29 de octubre de 2006
Volver
Carlos Bonfil
Luego de un estupendo arranque en el cementerio del pueblo, donde un grupo de mujeres cantan, arreglan y limpian las moradas de sus difuntos, al tiempo que intercambian chismes y habladurías de manera jovial y festiva, Volver, decimosexto largometraje de Pedro Almodóvar, renueva con brío similar su gusto por la narración paralela y la fusión de géneros. Comedia y melodrama en los ambientes también contrastados de la ciudad y la provincia, añadiendo ésta vez al registro realista un relato de fantasmas, y haciendo transitar a sus personajes de las atmósferas más negras al rojo encendido de las emociones madrileñas. Al modo de Matador y sus metáforas taurinas, pero con el tema del amor madre-hija remplazando con intensidad parecida los desbordamientos pasionales de las primeras cintas del realizador manchego. Considérese la propuesta argumental: una madre, Raimunda (Penélope Cruz), protege a su hija luego de que ésta mata al padre (en realidad padrastro) que ha intentado violarla. Las dos mujeres descubren la solidaridad y la renovación del cariño a partir de un hecho de sangre. Este tema, inspirado en El suplicio de una madre (Mildred Pierce, 1945), melodrama interpretado por Joan Crawford, tiene como contrapartida la visita que hace Sole (Lola Dueñas), hermana de Raimunda, al pueblo natal para asistir a un funeral, luego del cual descubrirá que su madre, a la que creía muerta, sigue aún muy viva y dispuesta a conquistar de nuevo el cariño de sus hijas.
Después de La mala educación, película con un reparto predominantemente masculino y una trama plagada de enigmas y solemnidad sentimental, el español Pedro Almodóvar regresa a la claridad narrativa, a la comedia y al universo femenino de su primera época. Volver es el rencuentro, mitad festivo, mitad melancólico, con algunas de sus actrices favoritas, Carmen Maura y Penélope Cruz, y también con el terruño, ensayando de paso un acercamiento inusitado a lo fantástico con ese fantasma materno, que luego de pocas escenas cobrará una presencia material vigorosa. Es también el regreso al mundo doméstico de ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, con una madre de familia próxima a la neurosis, pero rebosante de vitalidad, y a las heroínas pop de Mujeres al borde de un ataque de nervios, en su tránsito del Madrid de la movida a una provincia que el cineasta describe con la emoción de un hijo pródigo.
Aunque en Volver el tema de la madre es omnipresente, el registro nostálgico rechaza la complacencia y lo hace disolviendo las desgracias en el juego de la farsa, en el humor de réplicas chispeantes, en un reality show televisivo o en la hilarante interpretación que hace Carmen Maura de una vagabunda rusa. Otra presencia femenina, famosa en teleseries españolas, es Blanca Portillo, interpretando aquí a Agustina, una vecina aquejada de cáncer, quien en busca de su madre extraviada, tal vez fallecida, acude a la televisión sólo para ser objeto del morbo que distribuye aplausos a los enfermos terminales, desentendiéndose por completo de sus vidas afectivas. Agustina, mujer de provincia, nuevo personaje recio de Almodóvar, abandona con dignidad el estudio y encuentra comprensión y cariño en el fantasma femenino más cercano (otra vez Carmen Maura, instalada en icono materno). Las actuaciones son estupendas y registran con igual aplomo el artificio lúdico y la emotividad a flor de piel. Hay homenajes al cine hollywoodense y al neorrealismo italiano, a Joan Crawford y a la Anna Magnani de Bellissima (Visconti, 1951), refrendando una vez más la reputación de Almodóvar como virtuoso retratista de la mujer en el drama y en la comedia, en la contención y en el exceso. La historia es absurda, inverosímil, como tantos otros relatos del fabulador manchego, pero su tema central, el rencuentro afectivo, tiene una concisión tan emotiva que obliga al espectador más recio a admitir que si los fantasmas no existen, habría que inventarlos.
7.11.06
[Poema sobre la muerte de un hijo de la muerte]
Lázaro
Luis Cernuda
Era de madrugada.
Después de retirada la piedra con trabajo,
Porque no la materia sino el tiempo
Pesaba sobre ella,
Oyeron una voz tranquila
Llamándome, como un amigo llama
Cuando atrás queda alguno
Fatigado de la jornada y cae la sombra.
Hubo un silencio largo.
Así lo cuentan ellos que lo vieron.
Yo no recuerdo sino el frío
Extraño que brotaba
Desde la tierra honda, con angustia
De entresueño, y lento iba
A despertar el pecho,
Donde insistió con unos golpes leves,
Ávido de tornarse sangre tibia.
En mi cuerpo dolía
Un dolor vivo o un dolor soñado.
Era otra vez la vida.
Cuando abrí los ojos
Fue el alba pálida quien dijo
La verdad. Porque aquellos
Rostros ávidos, sobre mí estaban mudos,
Mordiendo un sueño vago inferior al milagro,
Como rebaño hosco
Que no a la voz sino a la piedra atiende,
Y el sudor de sus frentes
Oí caer pesado entre la hierba.
Alguien dijo palabras
De nuevo nacimiento.
Mas no hubo allí sangre materna
Ni vientre fecundado
Que crea con dolor nueva vida doliente.
Sólo anchas vendas, lienzos amarillos
Con olor denso, desnudaban
La carne gris y fláccida como fruto pasado;
No el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos,
Sino el cuerpo de un hijo de la muerte.
El cielo rojo abría hacia lo lejos
Tras de olivos y alcores;
El aire estaba en calma.
Mas temblaban los cuerpos,
Como las ramas cuando el viento sopla,
Brotando de la noche con los brazos tendidos
Para ofrecerme su propio afán estéril.
La luz me remordía
Y hundí la frente sobre el polvo
Al sentir la pereza de la muerte.
Quise cerrar los ojos,
Buscar la vasta sombra,
La tiniebla primaria
Que su venero esconde bajo el mundo
Lavando de vergüenzas la memoria.
Cuando un alma doliente en mis entrañas
Gritó, por las oscuras galerías
Del cuerpo, agria, desencajada,
Hasta chocar contra el muro de los huesos
Y levantar mareas febriles por la sangre.
Aquel que con su mano sostenía
La lámpara testigo del milagro,
Mató brusco la llama,
Porque ya el día estaba con nosotros.
Una rápida sombra sobrevino.
Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos
Llenos de compasión, y hallé temblando un alma
Donde mi alma se copiaba inmensa,
Por el amor dueña del mundo.
Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,
El borde de una túnica incolora
Plegada, resbalando
Hasta rozar la fosa, como un ala
Cuando a subir tras de la luz incita.
Sentí de nuevo el sueño, la locura
Y el error de estar vivo,
Siendo carne doliente día a día.
Pero él me había llamado
Y en mí no estaba ya sino seguirle.
Por eso, puesto en pie, anduve silencioso,
Aunque todo para mí fuera extraño y vano,
Mientras pensaba: así debieron ellos,
Muerto yo, caminar llevándome a la tierra.
La casa estaba lejos;
Otra vez vi sus muros blancos
Y el ciprés del huerto.
Sobre el terrado había una estrella pálida.
Dentro no hallamos lumbre
En el hogar cubierto de ceniza.
Todos le rodearon en la mesa.
Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,
El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;
La palabra hermandad sonaba falsa,
Y de la imagen del amor quedaban
Sólo recuerdos vagos bajo el viento.
Él conocía que yodo estaba muerto
En mí, que yo era un muerto
Andando entre los muertos.
Sentado a su derecha me veía
Como aquel que festejan al retorno.
La mano suya descansaba cerca
Y recliné la frente sobre ella
Con asco de mi cuerpo y de mi alma.
Así perdí en silencio, como se pide
A Dios, porque su nombre,
Más vasto que los templos, los mares, las estrellas,
Cabe en el desconsuelo del hombre que está solo,
Fuerza para llevar la vida nuevamente.
Así rogué, con lágrimas,
Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,
Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,
Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista
Ahora. La hermosura es paciencia.
Sé que el lirio del campo,
Tras de su humilde oscuridad en tantas noches
Con larga espera bajo tierra,
Del tallo verde erguido a la corola alba
Irrumpe un día en gloria triunfante.
Luis Cernuda
Era de madrugada.
Después de retirada la piedra con trabajo,
Porque no la materia sino el tiempo
Pesaba sobre ella,
Oyeron una voz tranquila
Llamándome, como un amigo llama
Cuando atrás queda alguno
Fatigado de la jornada y cae la sombra.
Hubo un silencio largo.
Así lo cuentan ellos que lo vieron.
Yo no recuerdo sino el frío
Extraño que brotaba
Desde la tierra honda, con angustia
De entresueño, y lento iba
A despertar el pecho,
Donde insistió con unos golpes leves,
Ávido de tornarse sangre tibia.
En mi cuerpo dolía
Un dolor vivo o un dolor soñado.
Era otra vez la vida.
Cuando abrí los ojos
Fue el alba pálida quien dijo
La verdad. Porque aquellos
Rostros ávidos, sobre mí estaban mudos,
Mordiendo un sueño vago inferior al milagro,
Como rebaño hosco
Que no a la voz sino a la piedra atiende,
Y el sudor de sus frentes
Oí caer pesado entre la hierba.
Alguien dijo palabras
De nuevo nacimiento.
Mas no hubo allí sangre materna
Ni vientre fecundado
Que crea con dolor nueva vida doliente.
Sólo anchas vendas, lienzos amarillos
Con olor denso, desnudaban
La carne gris y fláccida como fruto pasado;
No el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos,
Sino el cuerpo de un hijo de la muerte.
El cielo rojo abría hacia lo lejos
Tras de olivos y alcores;
El aire estaba en calma.
Mas temblaban los cuerpos,
Como las ramas cuando el viento sopla,
Brotando de la noche con los brazos tendidos
Para ofrecerme su propio afán estéril.
La luz me remordía
Y hundí la frente sobre el polvo
Al sentir la pereza de la muerte.
Quise cerrar los ojos,
Buscar la vasta sombra,
La tiniebla primaria
Que su venero esconde bajo el mundo
Lavando de vergüenzas la memoria.
Cuando un alma doliente en mis entrañas
Gritó, por las oscuras galerías
Del cuerpo, agria, desencajada,
Hasta chocar contra el muro de los huesos
Y levantar mareas febriles por la sangre.
Aquel que con su mano sostenía
La lámpara testigo del milagro,
Mató brusco la llama,
Porque ya el día estaba con nosotros.
Una rápida sombra sobrevino.
Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos
Llenos de compasión, y hallé temblando un alma
Donde mi alma se copiaba inmensa,
Por el amor dueña del mundo.
Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,
El borde de una túnica incolora
Plegada, resbalando
Hasta rozar la fosa, como un ala
Cuando a subir tras de la luz incita.
Sentí de nuevo el sueño, la locura
Y el error de estar vivo,
Siendo carne doliente día a día.
Pero él me había llamado
Y en mí no estaba ya sino seguirle.
Por eso, puesto en pie, anduve silencioso,
Aunque todo para mí fuera extraño y vano,
Mientras pensaba: así debieron ellos,
Muerto yo, caminar llevándome a la tierra.
La casa estaba lejos;
Otra vez vi sus muros blancos
Y el ciprés del huerto.
Sobre el terrado había una estrella pálida.
Dentro no hallamos lumbre
En el hogar cubierto de ceniza.
Todos le rodearon en la mesa.
Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,
El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;
La palabra hermandad sonaba falsa,
Y de la imagen del amor quedaban
Sólo recuerdos vagos bajo el viento.
Él conocía que yodo estaba muerto
En mí, que yo era un muerto
Andando entre los muertos.
Sentado a su derecha me veía
Como aquel que festejan al retorno.
La mano suya descansaba cerca
Y recliné la frente sobre ella
Con asco de mi cuerpo y de mi alma.
Así perdí en silencio, como se pide
A Dios, porque su nombre,
Más vasto que los templos, los mares, las estrellas,
Cabe en el desconsuelo del hombre que está solo,
Fuerza para llevar la vida nuevamente.
Así rogué, con lágrimas,
Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,
Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,
Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista
Ahora. La hermosura es paciencia.
Sé que el lirio del campo,
Tras de su humilde oscuridad en tantas noches
Con larga espera bajo tierra,
Del tallo verde erguido a la corola alba
Irrumpe un día en gloria triunfante.
6.11.06
2.11.06
[El hacha puesta en la raíz]
El hacha puesta en la raíz
Ensayistas mexicanos para el siglo XXI
Compilación de Verónica Murguía y Geney Beltrán Félix
Presentan:
Christopher Domínguez Michael * Mario Espinosa * Los compiladores
Modera: Enrique Romo
Domingo 5 de noviembre de 2006, 12 hrs.
Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Eje Central y Av. Juárez
Centro Histórico, Ciudad de México.
Ensayistas mexicanos para el siglo XXI
Compilación de Verónica Murguía y Geney Beltrán Félix
Presentan:
Christopher Domínguez Michael * Mario Espinosa * Los compiladores
Modera: Enrique Romo
Domingo 5 de noviembre de 2006, 12 hrs.
Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Eje Central y Av. Juárez
Centro Histórico, Ciudad de México.
30.10.06
[Criticar por criticar]

Pues resúltase que una vez se anunció que la Fangoria estaría en el mítico Spartacus de allá de por Neza. Y que siempre no, pero que siempre sí. No se presentó por la noche, pero sí por el día y a grabar su video de su rola "Criticar por criticar", y eso lo supe por mi comadre la fotogratriz Óscar Sánchez (pa' las amigas, comadres, burdeleras, hermanas de leche y demás, simplemente "Lasa"), que aquí posa a lado de la estrella que se dice a sí misma ser "piedra angular de la marcha madrileña y de paso de las vestidas del Butterflies y el Spartacus".
25.10.06
[World press photo]
20.10.06
[Las sumisas son diosas]
Juan Abreu, Diosa, Tusquets, Col. La sonrisa vertical, Núm. 128, Barcelona, 2006, 159 pp.
Lo realmente interesante de esta novela erótica del cubano Juan Abreu, es que muestra las prácticas sexuales que actualmente están tomando auge en el comportamiento sexual de los occidentales. Si bien el bondage, y en general muchos rituales con respecto al sexo de Oriente (China y Japón en particular), tienen un pequeño círculo de seguidores, lo cierto es que aún faltaba plantearlo abiertamente en una obra literaria y que, por si fuera poco, esa obra no lo mostrara grotescamente. A eso se enfrentaba Abreu y, sin embargo, salió bien librado.
Laura, la protagonista de esta historia, y Rodrigo, su esposo, aparentemente son una pareja normal pero que con lo que respecta a su vida sexual, ella se ve invadida por fantasías sexuales pobladas por escenas de sometimiento, así que pronto se ven en la necesidad de un Amo que les vaya ordenando el desarrollo y evolución de sus ejercicios dentro del bondage. Esas instrucciones, por su parte, son dadas de la manera más posmoderna: vía correo electrónico. La novela, de hecho, es un intercambio constante de correos entre Laura y el Amo, Maestro Yuko (un japonés que lleva algunos años afincado en Barcelona), de manera que la participación efectiva de Maestro Yuko es limitada, pero es allí donde se concentra el mayor estado de erotismo de toda la historia.
Desde el primer correo, Maestro Yuko le hace saber a Laura que la práctica del bondage es “una forma de devoción”, lo cual implica inflingir cada vez más dosis de dolor que llevan al éxtasis: “Estrenar a una mujer significa hacerla sabia. Domar sus miedos, sus inseguridades, enseñarla a buscar y aceptar a la Sumisa que lleva dentro.” Rodrigo será el encargado de ejecutar las órdenes de Maestro Yujko en el cuerpo de Laura: primero el bondage típico—llamémosle así—al dejarla amarrada a una silla por largo tiempo; luego el bondage de pelo consistente en amarrarlo de una rama fuerte de un árbol de manera tal que sostenga todo el cuerpo hasta que ambos, cuerpo y pelo, se separen por completo lo cual provoca un dolor humillante e íntimo. Y, finalmente, el de vagina. En cierto momento, el Maestro Yuko describe así al bondage: “es doblarte entre mis manos hasta tocar el fondo, como un tallo de bambú, pero sin llegar a quebrarte”.
A lo largo de esta pequeña novela, Abreu explora sendas del erotismo que en Occidente podrían parecer de cierto grado de perversión. No creo que Abreu haya—como se podría pensar—querido hacer de la mujer representada en el personaje femenino un objeto sexual, o reducirlo a tal. Simplemente es una forma de mostrar qué tan común puede ser actualmente este tipo de prácticas en la vida de alguien con quien nos topamos a diario por la calle (por lo demás, en la vida gay ésta y muchas otras prácticas, como los bareback, el sexo con drogas, el exhibicionismo, entre otras, se manifiestan más abiertamente). Diosa es una novela que se lee con una sola mano, según se dice en estos casos, por lo que no dudo en decir que cualquier erotómano se deleitará leyéndola de esa manera.
Lo realmente interesante de esta novela erótica del cubano Juan Abreu, es que muestra las prácticas sexuales que actualmente están tomando auge en el comportamiento sexual de los occidentales. Si bien el bondage, y en general muchos rituales con respecto al sexo de Oriente (China y Japón en particular), tienen un pequeño círculo de seguidores, lo cierto es que aún faltaba plantearlo abiertamente en una obra literaria y que, por si fuera poco, esa obra no lo mostrara grotescamente. A eso se enfrentaba Abreu y, sin embargo, salió bien librado.
Laura, la protagonista de esta historia, y Rodrigo, su esposo, aparentemente son una pareja normal pero que con lo que respecta a su vida sexual, ella se ve invadida por fantasías sexuales pobladas por escenas de sometimiento, así que pronto se ven en la necesidad de un Amo que les vaya ordenando el desarrollo y evolución de sus ejercicios dentro del bondage. Esas instrucciones, por su parte, son dadas de la manera más posmoderna: vía correo electrónico. La novela, de hecho, es un intercambio constante de correos entre Laura y el Amo, Maestro Yuko (un japonés que lleva algunos años afincado en Barcelona), de manera que la participación efectiva de Maestro Yuko es limitada, pero es allí donde se concentra el mayor estado de erotismo de toda la historia.
Desde el primer correo, Maestro Yuko le hace saber a Laura que la práctica del bondage es “una forma de devoción”, lo cual implica inflingir cada vez más dosis de dolor que llevan al éxtasis: “Estrenar a una mujer significa hacerla sabia. Domar sus miedos, sus inseguridades, enseñarla a buscar y aceptar a la Sumisa que lleva dentro.” Rodrigo será el encargado de ejecutar las órdenes de Maestro Yujko en el cuerpo de Laura: primero el bondage típico—llamémosle así—al dejarla amarrada a una silla por largo tiempo; luego el bondage de pelo consistente en amarrarlo de una rama fuerte de un árbol de manera tal que sostenga todo el cuerpo hasta que ambos, cuerpo y pelo, se separen por completo lo cual provoca un dolor humillante e íntimo. Y, finalmente, el de vagina. En cierto momento, el Maestro Yuko describe así al bondage: “es doblarte entre mis manos hasta tocar el fondo, como un tallo de bambú, pero sin llegar a quebrarte”.
A lo largo de esta pequeña novela, Abreu explora sendas del erotismo que en Occidente podrían parecer de cierto grado de perversión. No creo que Abreu haya—como se podría pensar—querido hacer de la mujer representada en el personaje femenino un objeto sexual, o reducirlo a tal. Simplemente es una forma de mostrar qué tan común puede ser actualmente este tipo de prácticas en la vida de alguien con quien nos topamos a diario por la calle (por lo demás, en la vida gay ésta y muchas otras prácticas, como los bareback, el sexo con drogas, el exhibicionismo, entre otras, se manifiestan más abiertamente). Diosa es una novela que se lee con una sola mano, según se dice en estos casos, por lo que no dudo en decir que cualquier erotómano se deleitará leyéndola de esa manera.
17.10.06
[Offer Nissim]
la noticia del fin de semana fue que google compró el youtube por 1 600 millones de dólares... los dueños no tenían ni 1000 dlls en su cuenta cuando subieron el broadcast a la red... en fin... la offer nissim es una dj (o "disc gay" como digo yo) israelí (espero que no sionista) que está de moda en los antros gays y en lo bugas seguramente también... en el living, el único antro gay que está en el top ten de los mejores antros del mundo (ni el roxy* de nyc está en esta selecta lista), las locas se ponen locas con la secuencia: madonna con "sorry", luego algún mix que alguien haya echo del soundtrack de brokeback mountain y finalmente con "first time" de la nissim con las voces de otra israelí, maya... me encanta "first time" pero ahorita me trae alucinado su nueva rola que lleva por título algo así como "be my boyfriend"... les dejó el link de "first time" en el youtube... no se pueden perder a esta loca, de las mejores dj's del momento...
*desde luego la nissim ya se presentó en ambos burdeles con un éxito apabullante según me cuentan mis informantes (bueno, la verdad es que uno no me puede informar mucho dado que ni pudo entrar al living, cuando la otra vino, de tanta gente que fue a ver su chou).
*desde luego la nissim ya se presentó en ambos burdeles con un éxito apabullante según me cuentan mis informantes (bueno, la verdad es que uno no me puede informar mucho dado que ni pudo entrar al living, cuando la otra vino, de tanta gente que fue a ver su chou).
13.10.06
[Bajo las reglas del azar]
Carlos Marzal, Los reinos de la casualidad, Tusquets, Col. Andanzas, Núm. 583, Barcelona, 2005, 784 págs.
Como en toda gran novela, los temas que emanan de sus páginas pueden ser muchos aunque el autor se haya planteado uno solo. Sin embargo, son dos los temas que sobresalen en la primera novela del poeta español Carlos Marzal (Valencia, 1961): el amor, especialmente, pero también el viaje; hay muchos más, claro, que se derivan de los ya mencionados. Hasta hace poco, Marzal había sido primordialmente poeta, cinco libros de poesía así lo confirman: La vida de frontera, Los países nocturnos, Metales pesados, Fuera de mí y la reunión de su poesía completa en El corazón perplejo, apenas publicado en 2004 por Tusquets. De tal manera que con su incursión en la narrativa con la novela Los reinos de la casualidad era motivo de sobra para acercarse a la obra y así confirmar—o, en su caso, rechazar—la desconfianza que causó y que, habrá que decir desde ahora, ha superado con éxito.
Lo primero que hay que decir es que al abrir las páginas de Los reinos de la casualidad, el lector no se encontrará con la prosa de un poeta sino, por el contrario, la potente prosa de un narrador ya experimentado. La novela de un poeta ha resultado ser la obra de un escritor en toda su plenitud, ahora que poco importan los géneros y las etiquetas que uno se cuelga cuando se hace llamar “poeta” o “cronista” o “novelista”, etcétera. Los reinos de la casualidad, por otra parte, no sólo es una novela monumental por sus más de setecientas páginas, lo es porque los propósitos narrativos que Marzal se impuso se lograron puntualmente.
Tomando como punto de partida unos versos de la Antígona de Sófocles (“Amor, invencible en el combate”), Marzal cuenta varias historias de amor y también las distintas maneras de enamorarse. El amor vive en los reinos de la casualidad: en esa otra realidad donde nada está en su sitio, donde una vida es una minuciosa acumulación de datos desordenados. Incluso dice más: si el amor viene a nuestra realidad, la que vivimos día a día, la trastoca toda y se convierte así, de facto, en uno más de esos reinos donde la casualidad gobierna. Los reencuentros de los amores de juventud, el encuentro fortuito de dos extranjeros en una ciudad desconocida para ambos (mucho mejor lograda que la historia contada por Sofia Copola en su película Lost in traslation), la reclusión de un profesor de literatura para encontrar el sentido del amor en las relaciones que ha tenido con algunas de sus alumnas son las historias que sirven de pretexto para demostrar que, dice Marzal a lo largo de las páginas de su novela, el amor es una sucesión de pequeños pero significativos combates.
Los reinos de la casualidad está estructurada de manera tal que, primero, el lector se adentra en las historias íntimas de los cinco personajes; incluso podría llegar a no saber a ciencia cierta a dónde se dirige la prosa cadente de Marzal. Más tarde o, por mejor decir, hasta el final se sabrá realmente lo que sucede para el total estupor del hipócrita lector. Esas historias recurren, frecuentemente, a metáforas o analogías de otras pequeñas historias que utilizarán para redondear o potenciar aún más la historia principal; escribe uno de los reflexivos personajes de Marzal: “Hay quien considera que los detalles mínimos representan la única parte de una historia sobre la que no resulta necesario demorarse. Sin embargo, el hincapié en los mínimos detalles supone la única manera de que las historias cobren realidad y no sean una burbuja más en el grumo indistinguible de los años.”
Marzal es, sin duda un narrador misántropo que lleva hasta ese extremo a sus personajes: todos dicen pestes de la humanidad y critican los sistemas de vida que la humanidad ha creado y consolidado a lo largo del tiempo e, incluso, el ruso Tokmákov (un personaje secundario) prefiere morir a manos de los animales que de los humanos: morir entre las garras de un oso no es menos sangriento que hacerlo día a día, lentamente, mientras, según dicen, se vive. Este será otro de los tantos temas surgidos de la novela.
A punto de finalizar el 2005, el suplemento literario del diario español El mundo, "El Cultural", dio a conocer las mejores novelas de ese año publicadas en España y elegidas por los críticos literarios que colaboran regularmente en sus páginas. Los diez elegidos, en orden de importancia, fueron: Carlos Marzal por Los reinos de la casualidad, Luis Mateo Diez, JM Caballero Bonald, José M. Guelbenzu, Javier Cercas, Enrique Vila Matas, Ramiro Pinillas, José Ovejero, Fernando Aramburú y Pedro Zalarruki. Como suele suceder en este tipo de casos, hubo otros que se hicieron notar varias ausencias, entre las que sobresalió la de Javier Calvo (el traductor de Coetzee, Foster Wallace, Edward Said, entre otros) quien publicó su novela Los ríos perdidos de Londres bajo el sello de Mondadori (donde ese mismo año aparecieron las recientes novelas de Philip Roth, Salman Rushdie y del argentino afincado en Barcelona, Rodrigo Fresán). Sin embargo, por muchos nombres que puedan surgir para ocupar un sitio en esa lista, el lugar de Marzal allí es indiscutible.
Como en toda gran novela, los temas que emanan de sus páginas pueden ser muchos aunque el autor se haya planteado uno solo. Sin embargo, son dos los temas que sobresalen en la primera novela del poeta español Carlos Marzal (Valencia, 1961): el amor, especialmente, pero también el viaje; hay muchos más, claro, que se derivan de los ya mencionados. Hasta hace poco, Marzal había sido primordialmente poeta, cinco libros de poesía así lo confirman: La vida de frontera, Los países nocturnos, Metales pesados, Fuera de mí y la reunión de su poesía completa en El corazón perplejo, apenas publicado en 2004 por Tusquets. De tal manera que con su incursión en la narrativa con la novela Los reinos de la casualidad era motivo de sobra para acercarse a la obra y así confirmar—o, en su caso, rechazar—la desconfianza que causó y que, habrá que decir desde ahora, ha superado con éxito.
Lo primero que hay que decir es que al abrir las páginas de Los reinos de la casualidad, el lector no se encontrará con la prosa de un poeta sino, por el contrario, la potente prosa de un narrador ya experimentado. La novela de un poeta ha resultado ser la obra de un escritor en toda su plenitud, ahora que poco importan los géneros y las etiquetas que uno se cuelga cuando se hace llamar “poeta” o “cronista” o “novelista”, etcétera. Los reinos de la casualidad, por otra parte, no sólo es una novela monumental por sus más de setecientas páginas, lo es porque los propósitos narrativos que Marzal se impuso se lograron puntualmente.
Tomando como punto de partida unos versos de la Antígona de Sófocles (“Amor, invencible en el combate”), Marzal cuenta varias historias de amor y también las distintas maneras de enamorarse. El amor vive en los reinos de la casualidad: en esa otra realidad donde nada está en su sitio, donde una vida es una minuciosa acumulación de datos desordenados. Incluso dice más: si el amor viene a nuestra realidad, la que vivimos día a día, la trastoca toda y se convierte así, de facto, en uno más de esos reinos donde la casualidad gobierna. Los reencuentros de los amores de juventud, el encuentro fortuito de dos extranjeros en una ciudad desconocida para ambos (mucho mejor lograda que la historia contada por Sofia Copola en su película Lost in traslation), la reclusión de un profesor de literatura para encontrar el sentido del amor en las relaciones que ha tenido con algunas de sus alumnas son las historias que sirven de pretexto para demostrar que, dice Marzal a lo largo de las páginas de su novela, el amor es una sucesión de pequeños pero significativos combates.
Los reinos de la casualidad está estructurada de manera tal que, primero, el lector se adentra en las historias íntimas de los cinco personajes; incluso podría llegar a no saber a ciencia cierta a dónde se dirige la prosa cadente de Marzal. Más tarde o, por mejor decir, hasta el final se sabrá realmente lo que sucede para el total estupor del hipócrita lector. Esas historias recurren, frecuentemente, a metáforas o analogías de otras pequeñas historias que utilizarán para redondear o potenciar aún más la historia principal; escribe uno de los reflexivos personajes de Marzal: “Hay quien considera que los detalles mínimos representan la única parte de una historia sobre la que no resulta necesario demorarse. Sin embargo, el hincapié en los mínimos detalles supone la única manera de que las historias cobren realidad y no sean una burbuja más en el grumo indistinguible de los años.”
Marzal es, sin duda un narrador misántropo que lleva hasta ese extremo a sus personajes: todos dicen pestes de la humanidad y critican los sistemas de vida que la humanidad ha creado y consolidado a lo largo del tiempo e, incluso, el ruso Tokmákov (un personaje secundario) prefiere morir a manos de los animales que de los humanos: morir entre las garras de un oso no es menos sangriento que hacerlo día a día, lentamente, mientras, según dicen, se vive. Este será otro de los tantos temas surgidos de la novela.
A punto de finalizar el 2005, el suplemento literario del diario español El mundo, "El Cultural", dio a conocer las mejores novelas de ese año publicadas en España y elegidas por los críticos literarios que colaboran regularmente en sus páginas. Los diez elegidos, en orden de importancia, fueron: Carlos Marzal por Los reinos de la casualidad, Luis Mateo Diez, JM Caballero Bonald, José M. Guelbenzu, Javier Cercas, Enrique Vila Matas, Ramiro Pinillas, José Ovejero, Fernando Aramburú y Pedro Zalarruki. Como suele suceder en este tipo de casos, hubo otros que se hicieron notar varias ausencias, entre las que sobresalió la de Javier Calvo (el traductor de Coetzee, Foster Wallace, Edward Said, entre otros) quien publicó su novela Los ríos perdidos de Londres bajo el sello de Mondadori (donde ese mismo año aparecieron las recientes novelas de Philip Roth, Salman Rushdie y del argentino afincado en Barcelona, Rodrigo Fresán). Sin embargo, por muchos nombres que puedan surgir para ocupar un sitio en esa lista, el lugar de Marzal allí es indiscutible.
6.10.06
[Tribulaciones de una familia cubana]
Gonzalo Celorio, Tres lindas cubanas, Tusquets, Col. Andanzas, México, 2006.
Esta es la historia de las hermanas, Ana María, Virginia y Rosa Blasco Milián; de sus encuentros y desencuentros, de sus pasiones y frustraciones, de sus avatares, en suma, a lo largo del siglo en que les tocó vivir en una geografía propensa a las convulsiones: la isla de Cuba. O al menos eso es lo que se dice porque realmente esta es la historia que menos se pondera dentro de las páginas de la más reciente novela de Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948). El protagonismo de su narrador, que a momentos también es el personaje, hace que la historia de las hermanas (sus tías y su madre) se vaya desdibujando hasta quedar casi en el olvido y casi perder el hilo de la narración.
En cuanto a recursos narrativos, en esta obra Celorio no propone ni arriesga nada como sí lo han hecho algunos de los escritores cubanos a quienes admira y hasta cierto punto se inspira. Su lenguaje además de estar manchado de abundantes lugares comunes—salvo cuando utiliza algunos cubanismos o, incluso, cuando llega a narrar en cubano—, es tan uniforme que no pareciera una novela escrita por un miembro de la Academia de la lengua (tanto de la mexicana como de la cubana, en la que recién fue admitido) y su fluidez narrativa está dentro de los límites permitidos pues ya sería demasiado que después de varios libros su autor no pudiera contar una historia.
Tres lindas cubanas es una novela propia de un “gusañero”, esto es, ni tan gusano (como les dicen en Cuba a los que abandonan la isla) ni tan compañero (según el lenguaje revolucionario que desde el lenguaje mismo quiere abolir las clases sociales). Es decir, de alguien que vive debatiéndose en sus adentros con las posiciones encontradas a las que el espinoso tema de Cuba casi siempre orilla. Y es que sus mejores resultados están justamente en mostrar —más que demostrar— los distintos panoramas a los que uno se enfrenta cuando se abordan los tantos temas de la realidad cubana.
Por medio de la vida de estas mujeres (nacidas en los primeros años de la década de 1900), se puede seguir la historia de Cuba en un siglo particularmente convulso para la isla. Más tarde se suceden el distanciamiento geográfico y sentimental, las posiciones encontradas de las propias hermanas Blasco Milián, principalmente entre las dos que viven en La Habana: una apoyando las acciones del gobierno revolucionario por medio de una zalamera convicción y la otra padeciéndolas aún más ante su ferviente aversión al sistema, todo esto que proviene, en suma, de la Revolución misma al no admitir ningún titubeo (“Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”) y que, a su vez, ha creado desconfianza y las consecuentes traiciones hasta en el círculo más íntimo: la familia.
Todo lo anterior orilla al más doloroso exilio: lejos del clima, de la lengua, de los atavismos, de la esencia que las hace sentirse cubanas y del deseo inquebrantable por regresar a la tierra amada a bien morir. Esto último sobresale en el testimonio estremecedor —que Celorio transcribe literalmente— de una de las hermanas Blasco Milián quien al final de sus días, recluida en un asilo de ancianos en Miami, se dispone a escribir minuciosamente sus memorias. Este lento pero fatal proceso de las respectivas familias de las hermanas, se percibe a lo largo de las páginas de la novela y, quizá, sea de los pocos rasgos que la hacen efectiva. Es, pues, la historia de un desencanto. Al igual que Celorio, recientemente otras dos escritoras han querido dejar constancia de ese desengaño en sus respectivos libros: Alma Guillermoprieto en La Habana en un espejo (Mondadori, 2005) y Belén Gopegui en El lado frío de la almohada (Anagrama, 2004).
Tampoco esta es una novela donde se encuentren las soluciones o las respuestas a los terribles problemas que aquejan a la isla (el culto a la personalidad única de Fidel, la libertad de tránsito, de prensa, de reunión, es decir, la democracia, así como el embargo o bloqueo económico). A través del testimonio personal, Celorio va dibujando el mismo proceso sufrido por su familia pero ahora en su propia persona y desde su experiencia vital. Quien en su juventud comulgara con los ideales de la Revolución cubana, acabó por desencantarse de ella cuando se percató que caía en las mismas prácticas por las que supuestamente se había levantado para combatirlas y erradicarlas. Celorio no ataca ferozmente pero tampoco defiende a ultranza, sino por el contrario, intenta equilibrar esos puntos de choque y exponerlos para acaso comprender mejor las dos partes. Como quien se disputa el amor y el odio, al mismo tiempo, de la isla amada.
*
Pronto saldré unas semanas de la ciudad, así que les dejo reseñas de libros que por una u otra razón o circunstancia deben leer. Espero que los disfruten.
Esta es la historia de las hermanas, Ana María, Virginia y Rosa Blasco Milián; de sus encuentros y desencuentros, de sus pasiones y frustraciones, de sus avatares, en suma, a lo largo del siglo en que les tocó vivir en una geografía propensa a las convulsiones: la isla de Cuba. O al menos eso es lo que se dice porque realmente esta es la historia que menos se pondera dentro de las páginas de la más reciente novela de Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948). El protagonismo de su narrador, que a momentos también es el personaje, hace que la historia de las hermanas (sus tías y su madre) se vaya desdibujando hasta quedar casi en el olvido y casi perder el hilo de la narración.
En cuanto a recursos narrativos, en esta obra Celorio no propone ni arriesga nada como sí lo han hecho algunos de los escritores cubanos a quienes admira y hasta cierto punto se inspira. Su lenguaje además de estar manchado de abundantes lugares comunes—salvo cuando utiliza algunos cubanismos o, incluso, cuando llega a narrar en cubano—, es tan uniforme que no pareciera una novela escrita por un miembro de la Academia de la lengua (tanto de la mexicana como de la cubana, en la que recién fue admitido) y su fluidez narrativa está dentro de los límites permitidos pues ya sería demasiado que después de varios libros su autor no pudiera contar una historia.
Tres lindas cubanas es una novela propia de un “gusañero”, esto es, ni tan gusano (como les dicen en Cuba a los que abandonan la isla) ni tan compañero (según el lenguaje revolucionario que desde el lenguaje mismo quiere abolir las clases sociales). Es decir, de alguien que vive debatiéndose en sus adentros con las posiciones encontradas a las que el espinoso tema de Cuba casi siempre orilla. Y es que sus mejores resultados están justamente en mostrar —más que demostrar— los distintos panoramas a los que uno se enfrenta cuando se abordan los tantos temas de la realidad cubana.
Por medio de la vida de estas mujeres (nacidas en los primeros años de la década de 1900), se puede seguir la historia de Cuba en un siglo particularmente convulso para la isla. Más tarde se suceden el distanciamiento geográfico y sentimental, las posiciones encontradas de las propias hermanas Blasco Milián, principalmente entre las dos que viven en La Habana: una apoyando las acciones del gobierno revolucionario por medio de una zalamera convicción y la otra padeciéndolas aún más ante su ferviente aversión al sistema, todo esto que proviene, en suma, de la Revolución misma al no admitir ningún titubeo (“Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”) y que, a su vez, ha creado desconfianza y las consecuentes traiciones hasta en el círculo más íntimo: la familia.
Todo lo anterior orilla al más doloroso exilio: lejos del clima, de la lengua, de los atavismos, de la esencia que las hace sentirse cubanas y del deseo inquebrantable por regresar a la tierra amada a bien morir. Esto último sobresale en el testimonio estremecedor —que Celorio transcribe literalmente— de una de las hermanas Blasco Milián quien al final de sus días, recluida en un asilo de ancianos en Miami, se dispone a escribir minuciosamente sus memorias. Este lento pero fatal proceso de las respectivas familias de las hermanas, se percibe a lo largo de las páginas de la novela y, quizá, sea de los pocos rasgos que la hacen efectiva. Es, pues, la historia de un desencanto. Al igual que Celorio, recientemente otras dos escritoras han querido dejar constancia de ese desengaño en sus respectivos libros: Alma Guillermoprieto en La Habana en un espejo (Mondadori, 2005) y Belén Gopegui en El lado frío de la almohada (Anagrama, 2004).
Tampoco esta es una novela donde se encuentren las soluciones o las respuestas a los terribles problemas que aquejan a la isla (el culto a la personalidad única de Fidel, la libertad de tránsito, de prensa, de reunión, es decir, la democracia, así como el embargo o bloqueo económico). A través del testimonio personal, Celorio va dibujando el mismo proceso sufrido por su familia pero ahora en su propia persona y desde su experiencia vital. Quien en su juventud comulgara con los ideales de la Revolución cubana, acabó por desencantarse de ella cuando se percató que caía en las mismas prácticas por las que supuestamente se había levantado para combatirlas y erradicarlas. Celorio no ataca ferozmente pero tampoco defiende a ultranza, sino por el contrario, intenta equilibrar esos puntos de choque y exponerlos para acaso comprender mejor las dos partes. Como quien se disputa el amor y el odio, al mismo tiempo, de la isla amada.
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Pronto saldré unas semanas de la ciudad, así que les dejo reseñas de libros que por una u otra razón o circunstancia deben leer. Espero que los disfruten.
4.10.06
[Oqueerrencias]
yo siempre he dicho que las locas son muy locas... "crúzate la calle cual perra que eres"... "méxico se escribe con jota"... "yo sólo soy feliz en mis tacones"... "las pelirojas somos más sexys"... "eres como tres escalones abajo que el peor personaje de almodovar"... "la que es linda es linda, la que no se opera y queda linda, pero la que es fea y pobre se chinga"... "mis mujeres engañadas, chacales y demás"... "se me pone el chocho como agua para chocolate"... "que triunfe la mejor y tan enemigas como siempre"... "esa pobresita qué"... "estúpida, wila, meretriz"... "liosa asquerosa mugrosa"... "no'más no muy pasiva o te piko"... "posa, posa, posa, no dejes de posar, por una primera plana, en el diario nacional"... "a lavar la ropa mugrosa"... "hay unas que tienden a subir, pero hay otras que suben a tender"... "tu precio"... "pobresitah, pobresitah, pobresitah"... "es muy difícil ser mujer, pero es más difícil ser muy mujer"... "esa jota que tú ves allíiiii"... "me dejaste como pucha de pingüina: congelada y hasta el piso"... "manawa de okinawa"... "qué tul tan azul de tan azul casi morado"... "clara lara mana ana"... "cloralex, por su plaitex y por mi kotex también"... "qué boni peli (o en su defecto: qué boni canci)"... "esa es pastora para echarse a todo el rebaño"... "yola, tula y estela"... "bien ensartada que estaba la vieja"... "yo-landa del río"... "zaz koolera!, muerta, enterrada y olvidada"... "con el agua hasta las pelucas"... "esa es muy de esas, y esas con muy así"... "y que me quedo callada"... "a-zorada"... "peeeendeja"... "noooo permito que te bufes muchísimo la jotísima persona de mi comadre..."... "hermana de leche"... "hermana de dedo"... "o' verá comadre"... "a desgreñe y taconazo limpio"... "desfigurada en rayas, cuadros, rombos y fractales"... "qué te calles caramba"... "yo carísima de parís y tú pobrísima de la parisina"... "se me calienta la chichi"... "haz de tu vida un papalote y de tu culo un rehilete"... "esa es muy fea de modos"... "aquí la hornilla es lo menos caliente" (dicho de una fondita que parecía restaurante de una poeta y pintora muy famosa entre los bajos fondos del Viena y el Oasis)... "esa no porque me meo"... "ese rojo puto intenso subido te va bien"... "es mujer oriyinal de horchata y doble raya"... (a una de esas): "ya no te juntes con las jotas porque van a pensar o que eres lesbiana o que estas fea"... "ay no seas pasaya"... así que basta ya de payasadas y joterías y demás...
1.10.06
[Querido diario]
quiero escribir alo en mi blog pero no sé qué. no quiero que sea algo cursi así de "querido diario, hoy no he hecho nada en todo el puto día... de hecho, creo que he hecho demasiado para un sólo día". diak! ya me estoy autoplagiando las oraciones utilizo en mi novelita teen ager. en fin... no quiero decir que tengo un putamadral de trabajo y que por eso entro al internet a... ¿a qué se entra al internet? ¡ah si! a perder el tiempo, a hacer del día un día productivo... no quiero decir que tengo que leer libros infames con los que no comulgo ideológicamente, "¿por qué esta loca no puede asimilar que el "movimiento gay" está muerto y aquí estamos nosotros para acabarlo de enterrar?", pregúntome... no quiero decir que tengo que escribir sobre eielson pero que no sé que más decir después de todo lo que ya he maldicho... tampoco hablaré de la traducción de "mi vida" de lyn hejinian que estamos haciendo mi amigo brian whitener y yo, ayer fuimos a la vasconcelos y allí trabajamos hasta que nos corrieron por ai de las 8:30 p.m.... la biblioteca está poca madre, no había ido y fue una buena oportunidad para conocerla, aunque le faltan muchísimos libros de literatura--los únicos que para el caso sirven--tienen servicio de internet gratuito con messenger instalado, sin detectores de porno ni ninguna restricción ¡vaya! menos mal... la dizque escultura de gabriel orozco ni se ve entre tanto andamio flotante... los libros como maleza, ramas, flores, plantas en los jardines colgantes de la babilonia que dejaron estupefacto a alejandro magno... no tenog nada qué leer... la editoriales generalmente publican mucha mierda... quizá esto se deba a que generalmente los escritores escriben mucha mierda... "una pausa, una rosa, algo sobre el papel"... salvo vallejo, claro, cuando tomo un libro suyo difícilmente lo suelto... volví a comprarme "la rambla paralela" después de que mine vino y lo olvidó en el taxi... ayer pável me preguntaba si "la virgen de los sicarios" era autobiográfica... claro que lo es, dije sin dudar... ¿crees que si haya cogido con alexis y con wilmar?... sí, por su puesto... ¿y david antón?, contestó preguntando... bueno, a él que le baste con haber pasado 37 años de su vida a lado del gran vallejo y que este le haya dedicado varias de sus obras... luego, como ahora, la conversación, como es común con pável, se fue por otros lados, menos turbios, dizque más intelectuales... ah! en la vasconcelos encontré una imagen bellísima de "querelle" de faBbinder (ah! de la tipografía alemana!) basada en la novela de genet... bellísima... tanto que me dieron ganas de ver la pelí... creo que eso sí será algo productivo... me pregunto si ... no hay correos nuevos... si me dejarán meter imágenes de artistas no mexicanos en mi ensayo de poesía homoerótica de méxico en el libro "méxico se escribe con jota" ... es que quiero poner una imagen del guapísimo brad davis, quien con su belleza, hizo, casi nada, solamente que las locas tuvieran un prototipo del marinero hermoso... "vendo placer a los hombres que vienen del mar"... también quiero una foto de adi nes con su vista homoerótica en el ejército israelí--antes de invadir líbano-- y otra imagen de mi amadísimo kieth haring... manuel esperón y ninón sevilla... hoy oía una bobada de un sudaca pendejo quien decía que los boleros son para los pendejos y el tango era para los amantes dolidos o algo así... "la mujer del puerto"... a mí me encantan los boleros y amo los tangos... "que veinte años no es nada y es febril la mirada"... ely guerra lanza una campaña para puma, lo que se recaude este mes de octubre se donará a una fundación de lucha contra el sida... todos a comprar a puma... "tú me quisieras lo mismo que veinte años atrás"... ¡ay san sebas a ti que te asetearon y te volviste tan sexy te pregunto!: ¿por qué es un hijo de puta y siempre promete y no cumple?... ¡ay xangó!, ¿por qué no escuchas mis plegarias? ... ¡ay santa madriza! santa matrona de las locas y jotas desamparadas, concedeme un milagrito, ¿sí? uno no'más, uno chiquito pero con tremenda cosa caballero... ¡ay el acento caribeño!... ¡santa crasanta! ¡bien puta pero bien santa!... ¡santa bárbara bendita! ¡a ti va mi plegaria para que me lleves pronto a esa habana que tanto añoro, que tanto quiero, que tanto extraño, que tanto...!... madonna entra el guiness por ser una de las cantantes mujeres más ricas... amlo, calderon, fox y martitha se pueden meter el dedo en la cola y no me interesan... ah! mty-dallas-san diego-tijuana-defe-guadalajara... allá voy... bueno, creo que ya perdí el tiempo necesario... abuuur!
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