
Queremos, amamos e idolatramos mucho, mucho a Eytan Fox.
Blog de Sergio Téllez-Pon

It’s a blue, bright blue Saturday
Goldfrapp
Es un domingo común, soleado que sólo consigue hacerme ver que todo lo que tengo es un gran vacío. Que las calles llenas de gente sólo me hacen sentir más desamparado. Que pocas cosas me entusiasman --si me pidieran hacerlas no tendría ánimos para acometerlas. Que hasta la cosa más nimia me molesta. Que sé bien mis responsabilidades, lo que tengo que hacer, los pendientes en el trabajo… todo me parece una inutilidad. Que como poco y de inmediato me vienen las náuseas. Que lavo los trastos sólo para sentir que hago cosas nuevas. Que lloro, y en seguida me canso de llorar. Que luego de dormir mucho tiempo, me siento más cansado al despertar y con los músculos entumecidos. Nada, nada de salir a conquistar la calle. Me refugio en la oscuridad de mi cuarto, donde las preocupaciones del mundo me son ajenas.
-Sergio Téllez-Pon

Vigoroso librito de primeros amores y primeros aullidos, No recuerdo el amor sino el deseo logra, en su frescura inaugural, conciliar las más variadas vocaciones vitales y artísticas, gracias a su maestría y limpidez formales, y al decidido tono personal de su voz lírica, capaz de lo sentencioso, lo sibilino, lo vitalista, lo estético, lo delirante.
Poesía del lenguaje y de la imaginación, pero sobre todo de sus episodios íntimos y terrestres, a corazón abierto (pero en versos decantados), este libro acoge -como si varios tomos que se refractaran y condensaran en un rápido mosaico mínimo- multitud de tonos, de voces y de intereses apasionadísimos, que intercambian guiños poliédricos. Logra así, felizmente, la estricta poesía-del-poema, pero también, y en buena hora, la poesía-del-poeta-mismo y de su minuciosa verdad juvenil, concreta, en carne viva.
Artífice y aventurero desaforado -pero de atar- de su vida y de sus versos; onírico romántico y callejero simbolista (incluso con cierta nostalgia cancionera); caótico coloquial y sensato hipermetafórico; entusiasta carnal y desesperado del espíritu, Sergio Téllez-Pon ha decidido no sacrificar ninguna de las numerosas y entusiastas señales de su identidad, apostándole incluso a la furia, al caos y al trance: a una toda-la-lira que sea toda-la-entraña.
Libro exultante de salmos de dolor, de lubricidad, de ensueños, de caos. Declaración de amor loco a la loca poesía misma. Pero sobre todo un oratorio terco en radical defensa del deseo (múltiple, exasperado y hasta pirotécnico en su lenguaje enardecido) entre las mallas de la desrealidad y la desesperanza.

| Decomisan en Laredo estatua de Jesucristo elaborada con cocaína |
| Notimex El Universal Dallas Jueves 29 de mayo de 2008 |
| Los presuntos narcotraficantes mezclaron unos tres kilogramos de cocaína para elaborar una pasta y utilizarla para fabricar la estatua de Jesús, que estaba totalmente pintada |
| Agentes aduanales en Laredo, Texas, decomisaron una estatua de Jesucristo elaborada con una pasta mezclada con cocaína, en un sofisticado intento de esconder la droga para cruzarla a Estados Unidos. De acuerdo con la investigación presentada ante una corte federal en Laredo, los narcotraficantes mezclaron unos tres kilogramos de cocaína para elaborar una pasta y utilizarla para fabricar la estatua de Jesús, que estaba totalmente pintada. Los traficantes confiaban en que la estatua, cuyo material podría ser comercializado en las calles estadounidenses en unos 30 mil dólares, pasara desapercibida por los inspectores aduanales al ser una más de las cientas de representaciones religiosas que la gente cruza desde México. Sin embargo, un perro de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) entrenado para olfatear drogas, detectó la cocaína con la que estaba elaborada la imagen. "Este decomiso muestra las extremas medidas que algunas personas hacen para contrabandear drogas", dijo Janice Ayala, subdirectora de la Oficina de Investigación de la ICE en Laredo. La estatua fue decomisada a Olga Lidia Villalpando, el pasado 22 de mayo cuando trató de ingresar a Estados Unidos viajando como pasajera en un automóvil. Alertados por el perro, los agentes revisaron una caja que contenía dos figuras religiosas y que había sido colocada debajo de un asiento. La estatua más grande dio positivo a cocaína. La mujer informó a los agentes de la ICE que un hombre, le dijo que tenía muchas cosas que cargar y que le pagaría 80 dólares si dejaba la caja que contenía las estatuas, en la estación de autobuses de Laredo. Villalpando condujo luego a los agentes a su encuentro con el hombre, quien fue identificado como Bernardino García Córdova, de 61 años y residente de Garland, Texas. Fue detenido en el lugar y enfrenta ahora cargos federales por importación y posesión de cocaína. García Córdova informo a los investigadores que otro hombre, al que conoce sólo por su apodo de "La Araña", le pidió que viajara a México para que recogiera la caja con las estatuas y se las llevara a Dallas, Texas. * La mega nota de la semana, sin duda. ¡Ay qué ganas de robarle un pase del mero chochito de Chuchito! * Bueno, pues ya están los cambios en este tugurio, burdel, congal virtual, hoyo fonqui, boite, lupanar, muladar o como quieran llamarle. A ver cuánto duran. Y se llama Cartapacio porque así se llamará una plaquette de versitos míos que aparecerán a fin de año en las plaquettes Pachuco press que hace mi bro. el bagre en su natal Pachuca la muy airosa. * El iTunes va en 1710 rolas... y creciendo. |

El pequeño macartismo del poeta Calderón
Julián Herbert
El macartismo (1950-1956) es uno de los momentos más paranoicos e injustos de la historia estadounidense. Su protagonista mayor es el senador Joseph McCarthy. Pero en esta negra historia de acusaciones, simplificaciones y tergiversaciones están presentes también (víctimas o verdugos) los nombres de artistas como Elia Kazan, Dashiell Hamett, Howard Fast y Arthur Miller, autor este último de The crucible, una pieza teatral que comparaba las persecuciones anticomunistas de su época con la cacería de brujas emprendida en Salem, Massachussets, en 1692.
La tentación de recurrir a los preceptos macartistas es, para algunas personas, irresistible. Los destinatarios del descontento en cuestión pueden ser acusados de comunismo, brujería, perversidad, pertenencia a una mafia literaria… Los niveles de persecución varían, por supuesto, pero su principio lógico es el mismo: el perseguidor finge o cree o pretende estar siendo perseguido y empela su paranoia (y la de quienes lo rodean, si éstos son fácilmente manipulables) para adquirir un beneficio personal.
Percibo el espíritu de un macartismo doméstico en la reciente campaña que el poeta poblano Alí Calderón ha emprendido contra Armando Pinto y Julio Eutiquio Sarabia, director y subdirector respectivamente de la revista Crítica, publicación literaria de la BUAP.
Mi opinión a este respecto, lo digo de antemano, no será imparcial: no pretendo ocultarme, como lamentablemente ha pretendido el señor Calderón, bajo un manto de pureza. Sería, amén de malsano, ridículo. Además de ser lector y colaborador de Crítica, soy objeto subsidiario del pequeño macartismo que describo. No obstante, intentaré exponer un par de ideas –si no objetivas, al menos serenas– en torno al affair: ideas que no pretenden hacer defensa de Pinto / Sarabia ni mucho menos de mi persona, sino enfatizar dos aspectos: primero, el origen visceral (y por ende egoísta) de los señalamientos realizados por Alí Calderón; y segundo, la falta de consistencia ética que se desprende de ellos. Recurriré, asimismo, a declaraciones hechas por el maestro Mario Bojórquez a favor de su pupilo; declaraciones a mi parecer ingenuas pues revelan el ejercicio de manipulación que quiere encubrirse bajo un supuesto velo de honorabilidad.
Procedo por partes: ¿quién es el destinatario de las quejas expuestas por Alí Calderón?... Su carta, dirigida al rector, se hace pública en un medio periodístico. Lo que se asemeja a lo que conocemos como una “demanda ciudadana”: petición pública que en cierta medida compromete a la autoridad. Las demandas ciudadanas son sustentadas por un sector de la población, no por un individuo; a menos que éste sea reconocido por la honorabilidad con que representa intereses generales. Alí Calderón asume por lo tanto, frente al rector de la BUAP, un rol muy específico: el de un líder de opinión, un analista cultural que expone con distancia crítica su percepción de un fenómeno cultural determinado. Postura respetabilísima, salvo que en este caso no existe distancia crítica alguna: Calderón hace pública su carta poco después de que, en la revista a la que ataca, han aparecido dos reseñas adversas a su obra La luz que va dando nombre. Creo que no nos hemos detenido lo suficiente en este punto: los comentarios de este profesor no son producto del análisis sino del revanchismo. Al menos así lo reconoce Mario Bojórquez en sus declaraciones para El columnista: “Cuando aparece la antología La luz que va dando nombre, hay dos reseñas de este libro desfavorables [...] Desde luego que Alí Calderón piensa que ahí se están haciendo las cosas mal, con un propósito negativo.”
Publicar dos reseñas de un mismo libro en un solo issue es práctica común en el mundo editorial, sobre todo si los críticos y editores consideran que tal libro es significativo para la discusión presente. El lector podrá constatarlo haciendo un simple recorrido por revistas tanto mexicanas como extranjeras.
Uno de las reseñas en cuestión fue escrita por mí. La otra se debe a Gustavo Adolfo Morán. Ahora bien: no sé quién es Gustavo Adolfo Morán; no lo conozco ni en persona ni por carta, ni siquiera he leído texto suyo que no sea su reseña de La luz que va dando nombre. No obstante, su escrito y el mío exhiben manifiestas coincidencias. No puedo ofrecer mayor prueba de que se trata de críticas realizadas con seriedad y de buena fe. Eso, y el hecho de que no hay en ellas insulto alguno: son exclusivamente opiniones literarias sustentadas por un método determinado de aproximación.
Envié mi reseña a Crítica no porque ésta se edite en Puebla, sino por una razón más simple: creo que se trata de una revista respetable y abierta a voces diversas. Ofrezco una prueba de ello: hace algunos meses publiqué en sus páginas una diatriba contra un artículo del poeta Jorge Fernández Granados. En el siguiente número de la revista apareció la respuesta de Jorge a mis señalamientos: puntual y seriamente, como se supone que deberían ser las discusiones entre escritores. No sé si el señor Calderón y sus partidarios intentaron lo mismo: responder, desde las páginas de Crítica y con argumentos intelectuales, a los señalamientos que hicimos Morán y yo. Tengo entendido que no. Y me sorprende: supongo que Calderón contará con múltiples argumentos teóricos para refutar nuestras opiniones. Entonces, ¿por qué, siendo un escritor y un académico, se baja del ring de la crítica literaria y se sube al ring de la burocracia y el chantaje sentimental-institucional?... ¿Por qué hacernos inferir que se ha quedado sin argumentos literarios y, viéndose en evidencia, prefiere recurrir al porrismo verbal?... Francamente no me lo explico.
Mario Bojórquez, por su parte, ha calificado de “facciosa” la forma en que Crítica elige sus contenidos. Creo que bastaría hojear el número más reciente de la revista (en el que se publica, por cierto, un poema de Alí Calderón) para refutar este dicho. O revisar el índice del número 125, en el que aparecieron las reseñas de la discordia: ¿son Juan Villoro, Eve Gil, Richard Howard, Carlos A. Aguilera, Maurizio Medo, Álvaro Solís, Caludio Daniel y William Shakespeare miembros de una “facción”?... Me parece que no. Propongo al lector algo más que una idea: una actividad. Hojee usted cualquier ejemplar de la revista y decida si deveras hay en sus páginas una tendencia premeditada.
He aquí un ejemplo claro del pequeño macartismo que denuncio: las pruebas están de más; basta con taparse los oídos y gritar “faccioso, faccioso, faccioso, faccioso” durante el tiempo suficiente para desatar una persecución. Se trata de una práctica que no es desconocida para los miembros de El Taller de Retórica (generado en la FLM, pero a estas alturas una institución en sí mismo): ya alguna vez la ejercieron contra la antología El manantial latente. La practican (no sin un dejo de xenofobia) contra Eduardo Milán. Al parecer, su nueva presa es la revista Crítica.
Culmino con un par de reflexiones, ambas extraídas de una declaración de Mario Bojórquez. La declaración es ésta: “Creo que si ya se ha puesto en duda el trabajo de los dirigentes de la revista, lo mejor que pueden hacer, en un ejercicio de autocrítica, es renunciar. Creo en los relevos generacionales, como el propio Alí Calderón, que es uno de los grandes poetas no sólo de Puebla, sino también de México, según su edad, que podrían liderar este nuevo proyecto de revista”.
Primera reflexión: Bojórquez considera ético (y autocrítico) renunciar a determinado rango (en este caso la dirección de una revista) cuando alguien ha puesto en duda tu capacidad. No obstante, hace poco más de un año, cuando no una ni dos, sino decenas de voces públicas criticaron la adjudicación del premio Aguascalientes a su libro El deseo postergado, él consideró ético (y autocrítico) hacer caso omiso de los señalamientos que lo cuestionaban –y que lo cuestionaban con un argumento específico: uno de los jurados había sido Eduardo Langagne, su jefe laboral.
No cuestiono la decisión de Bojórquez acerca del premio: la respeto. Lo que cuestiono es la contradicción que se desprende de sus declaraciones actuales: manifiestan una evidente inconsistencia. Dejan implícito que la vara moral con que juzga a los demás no es aplicable a su persona. Lo cual posee un nombre muy claro: se llama fascismo.
Segunda reflexión: Bojórquez, que nada teme en esta discusión, es más claro al exponer los intereses que rodean a la misma. Destapa a su gallo con una ligereza (o una ingenuidad) dignas del Ancien Régime. No se trata de que Pinto y Sarabia renuncien a Crítica; se trata de que Alí Calderón la dirija. Se trata, en última instancia, de una estrategia facciosa: el interés de los miembros de El Taller de Retórica por controlar una publicación mexicana de prestigio.
Como dije al principio: este artículo –con todo lo que de abierta e inevitablemente parcial hay en él– no es una defensa de los editores de la revista Crítica. Es, en todo caso, una defensa del fair play que a mi juicio es esencial para animar las discusiones literarias.
Aquí, esta vez, todo va más lento. Tengo dos horarios: uno, el de la computadora, que veo todo el tiempo para estar donde no estoy; el otro, el de aquí, que transcurre lento, tortuosamente lento.
Anoche, al cruzar la puerta de cristal, la ciudad me enfrentó, me dijo: Ya estás aquí, lo que tanto habías deseado ya está aquí, Aquí: la ciudad y Él. Y yo no acabo de llegar.
Él, que siempre será Él, allí, a mi lado, sin poderle decir nada más que con la mirada. Me dejó a las puertas del hotel y se fue.
Y yo no acabo de llegar, no salgo a la ciudad, los horarios me confunden, los minutos se aletargan y Él no está aquí.
*
Hey, jude, dont be afraid... cantan en este momento los Beatles.

Confesión forzada
Como no puedo abandonarme a la nostalgia en horas de oficina, como en el restaurante y en el autobús se reirían de mi carota triste; en virtud de que los programas de TV están peores cada día y carezco de otra afición en que gastar las primeras horas de la noche: añadiendo a lo anterior que no es el mío un cuerpazo de galán y que mis éxitos amorosos no suelen ser masivos ni instantáneos, vengo a confesarte que en estos momento me gana la añoranza y que daría la luna por volver a verte.
-José Joaquín Blanco.
Presentan:
Nicolás Ruiz
Guilahem Dezeuze
Reyna Barrera
Michael Schuessler
Sergio Téllez-Pon
y el autor.
Modera: Tatiana Sule
Viernes 15 de febrero, 18 hrs.
Salón de actos, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.